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El aborto por estos días pasó a formar parte de las discusiones diarias en los canales de noticias y en las redes sociales, efecto (entre otras cosas) de violaciones a niñas con resultado de embarazo que se mediatizaron de manera casi grosera. Por otro lado la irrupción a la catedral de Santiago en plena misa generó un nuevo debate acerca del respeto y las libertades, en un tema en que lejos de vislumbrarse un consenso, se polariza aún más.

Sin embargo la discusión entre una postura y otra se ha mantenido dentro de ciertos márgenes referentes a “libertades” y distintos planos morales y de defensa a la vida desde una perspectiva ultra conservadora y religiosa. Claramente la discusión general ha excluido las razones sociales y políticas por las cuales en Chile, según cifras estimadas, se producen alrededor de 100.000 abortos anuales.

La discusión legalista se queda absolutamente corta, tanto en contexto como en tecnicidad respecto al tema. Con ley o sin ley en Chile se producen abortos, por tanto es una necesidad sanitaria regular lo antes posible esta realidad y adecuar la legislatura a un hecho social evidente y no adecuar la realidad a la visión sesgada y limitada de quienes legislan al respecto. Definiciones que a estas alturas deberían ser de conocimiento público, si se quiere debatir el tema con seriedad, es escasa. Incluso parlamentarios e intelectuales (no profesionales de la salud) que hablan con propiedad respecto al tema no logran asumir diferenciaciones básicas como embrión y feto, concepción y fecundación,  aborto y aborto terapéutico o interrupción del embarazo. Esta falta de rigor técnico y científico lleva muchas veces a escuchar argumentos que carecen de la más mínima lógica y coherencia.

Sin embargo esta simplicidad con la que se está tratando el tema no se termina ahí. Se aduce la libertad sobre el cuerpo (cosa con la que estoy totalmente de acuerdo), sin embargo no se contextualiza esta expresión de libertad dentro de un sistema que es totalmente limitador de cualquier libertad individual. Hoy en Chile una mujer que piensa en abortar por no poder mantener a su futuro hijo, o por mantener una estabilidad laboral ¿aborta en libertad? ¿Está ejerciendo derecho sobre su cuerpo? ¿O es el sistema el que está ejerciendo derechos sobre su cuerpo? Es fácil hablar de libertades cuando es la economía la que regula las libertades de las personas, sin embargo hoy se habla de aborto sin mencionar las eventuales razones de fondo por las cuales las mujeres en Chile abortan. No se habla del miedo, la pena, la angustia y los traumas generados por el aborto, siendo a mi manera de ver las cosas, un debate elitista y poco profundo, ante lo cual corremos el peligro de que una ley que hoy se pide sin ton ni son (con HT tan radicales como #yoabortoel25), se transforme en una herramienta que se esté al servicio de empleadores sin escrúpulos y de un sistema liberal carente de cualquier principio de ética o de solidaridad social.

Antes de cualquier ley de aborto se debe poner igual énfasis en evitar por todos los medios razonables el aborto. La lógica liberal y el individualismo destructivo de la sociedad capitalista ve a la “vida” como un objeto transable y desechable, algo que de ser económicamente poco rentable o que de afectar a mi “individualidad”, debe lógicamente ser limitado a su mínima expresión y evitado de todas las maneras posibles…esa lógica es la que hoy prima en la defensa del aborto. La defensa a la vida, fustigada por un sistema que reduce nuestras libertades y centrada en un individualismo sin ética social, ha pasado al plano más bajo de la discusión, y peor aún monopolizado por grupos conservadores que en base a argumentos teológicos, defienden la vida sin una perspectiva integral y con un doble discurso moral evidente y molesto.

El aborto es un tema social, tiene ribetes individuales, eso es innegable, pero en su gran mayoría tiene causas que son sociales, sustentadas en las desigualdades económicas, el abuso laboral, la violencia de género, etc, etc. Mientras no analicemos y enfrentemos esas causas seguiremos enfrentando posiciones en donde lo que más perdemos, es nuestro sentido de sociedad, tolerancia y nuestro respeto a la vida.

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