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Es un lugar común entre los dirigentes políticos realizar llamados a la unidad nacional, argumentando que en Chile no sobra nadie.  Sin embargo, cuando se presentan nueve candidatos a la Presidencia de la República no ha faltado el comentarista que se atreve a afirmar que algunos están de sobra, lo que viene a demostrar que esa unidad nacional pasa por la condición que se produzca en torno a una figura predeterminada.

Cuando no existía la segunda vuelta electoral resultaba importante y fuera de cuestión realizar esfuerzos para que todas las corrientes de opinión afines se reunieran en una sola candidatura, pero con la introducción de la segunda vuelta entre las dos primeras mayorías de la primera elección ese argumento deja de tener sentido.   Ahora es la propia ciudadanía la que decide quiénes son los seleccionados para diciembre y los comentaristas no tienen nada que decir al respecto.  De esta forma, en la votación de noviembre es posible apoyar al candidato que mejor interpreta a cada cual, para después emitir un voto responsable, y posiblemente a contra gusto, porque se trata de optar por la candidatura que provoca menos rechazo.

La importancia de la primera vuelta y del alto número de candidatos es que se permite que una mayor variedad de posiciones en la sociedad estén representadas en la competencia.   Por lo demás, las exigencias legales para los candidatos obligan a reunir tal cantidad de firmas que los postulantes no pueden ser la imagen visible de movimientos o corrientes de opinión marginales.  Una cosa es ser marginal y otra ser mayoría, pero entre ambas concepciones hay una amplia gama de posibilidades.

Es posible que entre alguno de los candidatos haya quien compite por un afán de ego personal, para poder colocar en su currículo que entre sus actividades ha sido candidato a Presidente de la República, pero mucho más importante es la posibilidad que represente a un grupo importante de la sociedad.

Otra ventaja de un alto número de competidores es que la elección se hace más atractiva para el electorado, en momentos en los que el voto voluntario siempre es una amenaza para la participación ciudadana.  Por lo tanto, se trata de un incentivo.

Dentro de las desventajas está, por supuesto, la confusión entre tanto nombre y la casi total imposibilidad de que cada uno de los candidatos tenga el espacio suficiente en los medios de comunicación para informar acerca de sus planes.   Como contraparte, una parte importante de los presidenciables tendrá un acceso a la difusión de sus ideas que no habría alcanzado en otras circunstancias, y la votación que logren reunir servirá de aval para que sus planteamientos tengan que ser recogidos por los que aspiren a conquistar la mayoría absoluta en la siguiente vuelta, y eso es una ganancia para corrientes de opinión que no tienen la posibilidad de alcanzar el Gobierno pero sí les interesa influir en la forma en que se administre el poder.

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