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Este estribillo de una de las primeras canciones de Los Jaivas refleja el pensamiento hippie típico y utópico de finales de los años ‘60s y comienzos de los ‘70s, pero parece muy distante de la realidad actual del país, a sólo cuarenta años, que es un tiempo relativamente breve para los cambios culturales profundos por los que parecemos haber transitado.

Hay que consignar que siempre los períodos electorales se han caracterizado por fuertes enfrentamientos entre los candidatos y, sobre todo, entre sus adherentes.  Después de las elecciones, los dirigentes políticos vuelven a dialogar y convivir entre ellos como siempre lo han hecho, pero con cada elección sus partidarios parecen posicionarse en posturas cada vez más antagónicas e irreconciliables que no quedan resueltas por las elecciones.   Como en tantas cosas de la vida, es el público que no es protagonista el que cree que las cosas son absolutas y adoptan conductas que tienden al descrédito y a negar derechos y existencia incluso de quienes piensan distinto.

Sin entrar a considerar que las nueve candidaturas presidenciales representan corrientes de opinión reales entre los chilenos, lo real es que una vez terminadas las elecciones, tendremos que seguir todos viviendo en el mismo país y es mejor enfocar más energía a la tarea de hacer posible la convivencia.  Los amigos y los hermanos no siempre están de acuerdo en todo, pero son capaces de sentarse a la misma mesa, compartir y cuidarse unos a otros sin estar permanentemente tratando de sacarse los ojos.

A poco menos de dos meses de los comicios ya comenzaron las acusaciones mutuas entre candidatos por el robo y destrucción de su propaganda, por lo que es presumible suponer que pronto las noticias informaran sobre agresiones físicas entre los brigadistas.   ¿Vale la pena jugarse el pellejo por las diferencias políticas? Ya tuvimos un doloroso quiebre institucional por delirios que la realidad se encarga de demostrar luego como pírricos.

Entonces, la regla de la democracia consistente en que gobierna quien tiene la mayoría podría entrar en colisión con otra regla de la misma democracia, que es el respeto a las corrientes minoritarias.   ¿Hay solución a este asunto?   No, no la hay, y lo que corresponde es que los ciudadanos aprendan los contenidos mínimos de cultura cívica –esa que no se enseña en los colegios- para poder convivir en paz y que la lucha por conseguir la mayoría en una próxima elección no sea una batalla entre personas sino lo que siempre debe ser: Una disputa entre ideas.   Buenas o malas pero todas legítimas desde que son enarboladas por un grupo de personas que, antes que cualquier cosa son seres humanos, con todas sus dignidades, deberes y derechos.

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