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Este 5 de octubre se cumplen 25 años del triunfo del No y la Concertación de Partidos por la Democracia -ahora Nueva Mayoría- lo celebra en grande, en vísperas de una elección presidencial y parlamentaria en la que aspira a tener la mayoría que nunca tuvo para hacer los cambios estructurales pendientes.

Cada elección o plebiscito es un contrato colectivo en el que los partidos y los candidatos ofrecen una serie de medidas a cambio del voto.  Se entiende que los que triunfan han contado con la mayoría de las voluntades ciudadanas para que sus propuestas sean llevadas a la práctica.   Es una suerte de licitación pública, y el 5 de octubre la Concertación la ganó y la renovó con Patricio Aylwin en la primera elección presidencial después de la dictadura.

En 1988 la propuesta era simple: El retorno a la democracia, pero había contenidos adicionales implícitos, las expectativas que se generaron junto con la promesa explícita.  Se entendía -o se quiso entender- que en democracia la vida de las personas mejoraría y no solamente en términos de respeto a las libertades y derechos sino también en lo que se refiere a la calidad de vida.   La pobreza disminuiría, del mismo modo que las desigualdades, y la sensación en cuanto a que durante la dictadura se había favorecido a los grandes capitales -lo que se llamó la Derecha económica- sería reemplazada por una mayor justicia social.

En gran medida, ello sí se logró.   Hay que recordar que la pobreza era del 38,4 por ciento en 1990, de acuerdo a datos del PNUD y disminuyó a 14,4 por ciento para el 2011, en tanto que la indigencia descendió en el mismo período de 12,8 a 2,8 por ciento, pero la sensación de injusticia en la distribución del ingreso siguió siendo la misma porque las expectativas también fueron incrementándose en paralelo con el progreso económico.

De todos modos, la promesa del 5 de octubre no estaba en la dimensión económica sino en la ética, se trata de recuperar la libertad y la dignidad.   Que las personas pudieran andar en la calle sin temor a ser detenidas en cualquier momento, sin más argumentos que el antojo que el policía de turno y eso sí se logró.  Lo que sucede es que, dicho en jerga economicista, eso es un bien intangible, es algo que no se puede medir, que no se transa en la bolsa ni se puede contar.

De manera paralela, ha habido cambios en la sociedad que no obedecen a las propuestas originales del plebiscito y que han sido decisivos en los sucesos de años posteriores, como el individualismo y el consumismo.   En esa oportunidad no se votó por un modelo de sociedad determinado, como tampoco se hizo en las elecciones presidenciales y parlamentarias posteriores.  Lo de 1988 era simplemente la recuperación de la democracia y, tal vez, una mejor distribución de la riqueza, de modo que no se le puede pedir a algo que responda lo que no prometió.

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