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Lo sucedido en estos días con el senador RN Antonio Horvath llama la atención a los que están fuera de la lógica de los partidos políticos.  Un senador de un partido apoya a un candidato presidencial que no es el del partido, y al perder este en la primera vuelta de las elecciones concurre donde otra candidata -que tampoco es la de su partido- a presentarle las ideas principales que sostiene el senador y declara que tiene un alto grado de coincidencia con ella.

Los de un bando gritan “traidor”, los del otro aplauden como si se tratara de un converso y el público en general se ríe de la situación, como lo hace cuando el caballo de carreras se niega a saltar un obstáculo y derriba a su montura.

En la vida cotidiana no tiene, sin embargo, nada de anormal.  Una persona cambia de opinión y lo dice públicamente.   Nadie dice nada cuando el adherente de la Pepsi se cambia a la Coca-cola, pero en política parece existir cierta gravedad que resulta incomprensible.

Es cierto que a los partidos políticos se entra a militar voluntariamente y que tal decisión implica un compromiso de lealtad y de acatamiento al reglamento, pero también es cierto que estas disposiciones entran en conflicto con la mayor libertad que se vive en estos tiempos, en los que la cantidad de información existe permite a las personas contrastar sus opiniones con los hechos con mayor facilidad y eso posibilita que se cambien las posiciones en política.

En el caso concreto de Horvath se pueden cuestionar las formas pero no su libertad para definir el fondo del asunto.  A él le parece que determinados temas -el medio ambiente, la regionalización- son esenciales y tiene el derecho de preguntar a los candidatos presidenciales si están dispuestos a llevar adelante las iniciativas que le interesan.    Posiblemente debió concurrir primero con la candidata de su partido, quizás era prudente que renunciara antes a su militancia pero nada puede poner en cuestión su independencia para pensar y actuar en consecuencia con su pensamiento.

Algunas cosas para recordar: Horvath fue presionado por el actual Presidente de la República (RN) para que entrara a militar en ese partido, tal como le ocurrió al propio Piñera en 1989, presionado por Sergio Onofre Jarpa.  Ninguno de los dos entró a militar sonriente y lanzando fuegos artificiales.

Otro recuerdo más: Al poco andar del primer gobierno de Michelle Bachelet, los colorines de la DC encabezados por Adolfo Zaldívar fueron expulsados o renunciaron a la Falange porque no estaban de acuerdo con el Transantiago.   En el PPD el senador Fernando Flores y el diputado Esteban Valenzuela también tuvieron dificultades con la directiva y salieron.   Los primeros fundaron el PRI, los segundos ChilePrimero (hoy el Partido Liberal) y se sumaron al apoyo al candidato de la Derecha, que terminó derrotando al de la Concertación por poco más de tres puntos de diferencia.

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