Compartir

Mientras la atención de los medios y del público está puesta en los nombres del próximo gabinete ministerial y en el próximo falle del tribunal de La Haya sobre los límites marítimos entre Chile y Perú, hay una noticia que ha pasado rotundamente inadvertida a pesar de sus implicancias: La renuncia de Colmena a la Asociación de Isapres y, sobre todo, los motivos esgrimidos para esta decisión.

Los directivos de Colmena explicaron que su salida de esta especie de club corresponde a que no se quiso acoger su propuesta para avanzar en el establecimiento de mecanismos de transparencia para que los cotizantes pudieran comparar precios de mejor manera ni modificar las normas sobre preexistencias, con el fin de facilitar el cambio entre las isapres.   Colmena es la cuarta de las Isapres, de acuerdo a su cartera de casi 300 mil cotizantes, por lo que no es menor su marginación.

Dicho de otra forma, lo que Colmena plantea a sus similares es que es hora de revisar el funcionamiento del sistema de la salud privada y de los seguros de salud. Más claramente, o se hacen los cambios voluntariamente para recuperar la legitimidad social del sistema o se abre la posibilidad de que las modificaciones sean impuestas por la autoridad y que la salud privada deje de ser el buen negocio que ha sido por más de treinta años.

Aunque se trata de un asunto entre privados, lo que es una argucia para sacar los temas incómodos de la esfera pública, es evidente que la señal es clarísima y revela que mientras algunos empresarios entienden que la libertad económica tiene una correspondencia con el interés social, otros prefieren guarecerse en sus torreones, a la espera de ataques reales o imaginarios, con la esperanza de resistir el mayor tiempo posible.   Cuando unos y otros separan agua es que la magnitud del desafío es mayor de lo que se supone.

Son distintas formas de ver los negocios, porque, en definitiva, la voluntad que muestra Colmena para atender algunos reclamos del público no es por un compromiso real con estos, sino que se trata de asegurar su propia rentabilidad.  No hay que ser ingenuos.

El punto, sin embargo, es que para parte de quienes tuvieron el oligopolio de la salud privada se enfrentan a un tiempo de cambios, percepción que probablemente sea para ellos más intensa de lo que es para el público e incluso para la autoridad.

Esta es una situación que vale la pena observar con atención en otros sectores de la economía que enfrentan acusaciones de desigualdad, asimetría y abusos que, en definitiva, implican una opacidad del mercado.

Compartir

Alguien comentó sobre “¡A su salud!

  1. La voluntad del sector nunca se ha destacado por querer corregir desigualdades, pero la historia y el tiempo se hacen cargo de corregir lo que las voluntades humanas no quieren entender; antes eran los señores feudales y los esclavos, la monarquía y los subditos, las revoluciones y la guillotina pusieron fin a su manera a aquellos abusos. Está por verse cómo evoluciona el libre mercado y la salud, es una revolución pendiente, que sólo el hábito de ser saqueados legalmente, no nos permite ver.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *