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Desde la implementación del sistema EAR (Establecimientos Autogestionados en Red) en la administración Hospitalaria, en el marco de la reforma de salud durante la década pasada; los servicios hospitalarios se enfrentaron a una serie de modificaciones administrativas y de gestión, que si bien plantearon una serie de libertades respecto a ciertas áreas de funcionamiento, también los enfrentaron a nuevas problemáticas en un entorno que no se encontraba preparado para esos cambios. Aunque el plan sonaba alentador, el recurso humano no preparado, lógicas gerenciales y concesiones que no respondieron a las necesidades del sistema, sino a un afán de privatización de servicios, hicieron que la deuda hospitalaria se incrementara, subiendo desde el año 2012 al 2013 en 42 mil millones de pesos según la Red de Consejos Metropolitanos de Salud.

Sin embargo más allá de la falta de capital humano para los procesos, el sistema de autogestión hoy, obedece a lógicas descentralizadoras sobre la base de una mejor administración de recursos y de procesos internos, dejando totalmente de lado la intervención de la comunidad en la administración e implementación de planes, forma que ha sido abiertamente criticada por organismos como la UNICEF o la OMS.

El trabajo multisectorial, la integración de la comunidad organizada en la administración y gestión, la implementación de planes territoriales sobre datos duros, son aspectos que debieran eventualmente ser analizados e incorporados en todos los niveles de atención, pero con especial énfasis en APS en donde existen mayores posibilidades técnicas para ello.

El Estado en su rol garante debiera ser el proveedor de recursos y lineamientos básicos en la administración del sistema en su conjunto (en todos los niveles de atención), pero la administración por parte de corporaciones privadas sin fines de lucro, conformadas por consejos en donde participasen representantes electos de la comunidad, funcionarios y diversos actores sociales, podría ser una forma no solo de descentralizar el sistema de manera efectiva, sino de otorgar verdadera libertad administrativa a todos los niveles del sistema. Pero la participación de la comunidad en la toma de decisiones se haría (y lo es) vital para el control de un servicio que básicamente se debiese adaptar a las necesidades de la población a la cual sirve, y que hoy en día en Chile es sumamente diversa, por lo que la libertad de las SEREMIS de salud en términos de recursos y administrativamente debiera ser también un pilar, así como la independencia de la APS respecto a los municipios, o bien un financiamiento conjunto pero con una administración que responda a los miembros de la comunidad, por lo que se haría necesaria una modificación concertada entre los diversos actores sociales y políticos involucrados.

El sistema de concesiones derivado en parte por la implementación del EAR en la red hospitalaria, hoy hace agua en cuanto a eficiencia y eficacia y el aumento de la deuda de los hospitales es muestra de ello. La porfía en cuanto a profundizar las concesiones obedece solamente a una ceguera ideológica como lo demuestra el programa de concesiones de infraestructura hospitalaria de los hospitales de Maipú y la Florida, que ha tenido un fuerte rechazo por parte de diversos sectores gremiales, sociales y políticos.

Hoy el sistema es sumamente complejo y repensarlo globalmente es un desafío, pero a la vez una necesidad urgente para solucionar la grave crisis que vive la salud pública en nuestro país.

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