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“La esposa del César no sólo tiene que serlo, sino también parecerlo” ¿Habías escuchado esa expresión?, lo más probable es que la respuesta sea afirmativa, más aún en los tiempos que corren y que nos muestra cada día con mayor predominancia la importancia que tiene la imagen.

Los cuerpos “perfectos”, lo último en moda, tal o cual marca, el tipo de vehículo que usamos, los lugares que frecuentamos, el barrio en que vivimos, e incluso el nombre que tenemos puede ser parte de la imagen que proyectamos a los demás y sobre la cual construimos aquella identidad que deseamos de nosotros mismos, que no siempre se asemeja todo lo que nos pudiera gustar, y en variadas ocasiones no logra encajar en aquello que realmente somos internamente.

Por cierto que es importante cuidar nuestra estética, en el más amplio sentido, ya que es parte de cuidarnos a nosotros mismos y vivir coherentemente aquello que le da sentido a nuestras vidas y guía con propósito nuestro actuar en las más diversas áreas en que nos desenvolvamos, pero acaso ¿la imagen es todo?… lamentablemente en muchas casos así resulta ser.

Por otra parte, encontramos personas que al conocerlas nos damos cuenta de las maravillas y los tesoros que residen en su interior, gente generosa y apasionada por sus sueños, que son un gran aporte a sí mismos, sus familias y comunidades… son aquellas personas que nos hacen desear que ojalá “todos sean como ellos” y que lamentamos no haber conocido antes en nuestras vidas. Pero ¿es posible que una gran persona interior, luzca como una “horrible” persona exterior? Lamentablemente también nos encontramos con este tipo de casos, que al crecer desequilibradamente tampoco nos ofrece un desarrollo íntegro y coherente de nosotros mismos.

Por cierto que una imagen sin ética interior se convierte un mero culto a la imagen, y nos encamina a relaciones superficiales y lecturas erróneas de nuestro entorno y nosotros mismos. La imagen debiera ser el reflejo de nuestro interior, y no mero maquillaje que busca tapar las grietas que dejan la mala vida y insano.

Nuestro crecimiento personal será más rico y coherente en cuanto podamos combinarlo armónicamente con aquellas marcas sociales que dan cuenta de las cualidades que hemos construido en nuestro interior, permitiendo a éstas resplandecer con su propia luz por medio de aquello que los otros pueden observar concretamente en nosotros.

La estética sin ética es mera idolatría al ego y a lo vano, y la ética sin estética se vuelve incomprensible a los ojos de quienes nos rodean, privando la posibilidad del crecimiento y el aprendizaje colectivo.

¿Y tú eres estético o ético?

 

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