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Sin duda, la frase de la semana fue la dicha por el senador y presidente del PPD Jaime Quintana relativa a usar una retroexcavadora para eliminar el modelo neoliberal.   La cita causó gran revuelo, básicamente porque el titular del periódico no incluía la segunda parte, con la que se especificaba que esa demolición estaba referida explícitamente a la educación.

Lo concreto es que estas palabras comenzaron a generar la reacción, previsible, en una oposición que acusaba una aspiración revolucionaria y hasta totalitaria, pero también causó eco en las filas del propio pacto oficialista, algunos de los cuales se apresuraron a respaldar a Quintana y otros a defender la obra económica consolidada por la Concertación a lo largo de veinte años.

Jaime Quintana dio explicaciones luego, sin arrepentirse de lo dicho aunque reconociendo que la forma pudo no ser la más apropiada.   La duda es si estaba dentro de sus planes poner en evidencia el elemento que causa las divisiones más profundas en el pacto gobernante.   Para algunos, el modelo económico actual -ya no solo el educacional- es una extensión del sistema impuesto durante la dictadura.  Para otros, la cantidad de modificaciones orientadas a la protección que se han implementado desde el restablecimiento de la democracia impedirían hablar con propiedad de un modelo neoliberal.

No es sólo una cuestión de cuánto Estado participa en la economía, sino también de la valoración que se pueda o no hacer del mercado.  Esa es la cuestión de fondo y es evidente que dentro de la Nueva Mayoría hay visiones opuestas y la dificultad de la actual administración es hacer las reformas comprometidas dentro de esa dualidad.

En lo concreto, la Presidenta Michelle Bachelet ha comprometido cambios profundos, aunque no con el énfasis radical que algunos quisieran.  Se habla, por ejemplo, de avanzar en la gratuidad de la educación, pero no inmediata ni completa; se habla de cambiar la Constitución, pero no se ha dicho cuál será la orientación de la nueva Carta Fundamental.

Puede resultar preocupante que los objetivos de largo plazo no estén definidos, aunque para otros esa falta de certeza es, en sí misma, una declaración de intenciones.   De todos modos, resulta claro que el tema del tipo de país que se quiere construir está latente y es por eso que una frase dicha al paso provoca tantas reacciones.

Falta por saber si los que votaron por la actual administración estaban conscientes del alcance que podrían tener los cambios que se quiere poner en marcha, pero eso se verá en el camino, como tantas cosas que se hacen en Chile.

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