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El 10 de noviembre de 2011, con motivo de su despedida del fútbol profesional como jugador, el argentino Diego Armando Maradona reconoció sus errores deportivos y humanos pero pidió que no se cuestione al deporte con aquella famosa frase que usan recurrentemente los amantes del fútbol: “La pelota no se mancha”.

Cuando estamos por empezar un nuevo Mundial de Fútbol, es conveniente recordar esta cita porque a este evento se le adjudican muchos defectos, olvidándose que se trata de la celebración de un deporte, de la vivencia de pasiones, de un encuentro de personas y no debe primar la empresa comercial, con su despilfarro en televisores, viajes y auspicios.

En el caso de esta oportunidad, que se desarrolla en Brasil, hay muchas críticas a los gastos hechos por el país organizador, especialmente cuando se analizan desde la perspectiva de las necesidades de sus ciudadanos.   Las críticas se pueden agrupar en dos: Por un lado, que se hayan desviado fondos aparentemente destinados a programas sociales para financiar las obras de construcción de la infraestructura mundialista y, por otro lado, que se estén reprimiendo las lógicas protestas de la población, aunque en rigor esta segunda queja no es nueva.

Brasil, a pesar de ser la novena economía mundial, tiene serios problemas sociales que vienen desde antes de este Mundial y seguirán seguramente después del encuentro, así como la FIFA carga con un severo desprestigio que también se mantendrá tras esta cita.

De hecho, se comprobó que se pagaron 5 millones de dólares para elegir a Qatar como sede para el Mundial del 2022, por lo que se está proponiendo cambiar esa designación. Al escándalo se agrega que ya han muerto 900 trabajadores por las arduas condiciones para levantar los estadios previstos.  Si se mantuviera Qatar como sede, se estima que moriría un total de 4 mil personas.

Evidentemente, todo esto se encuentra muy lejos del espíritu deportivo que debería animar un evento de esta naturaleza, así como ocurre con la verdadera competencia de las empresas por auspiciar a los equipos y las transmisiones, el endeudamiento de los fanáticos que gastan hasta lo que no tienen por seguir a su equipo favorito y, por supuesto, la permanente crítica respecto de la alienación que significa la excesiva cobertura que se le brinda al Mundial.

Por todo lo anterior, la frase de Maradona cobra especial sentido y es oportuno recordarla antes que se desate la locura.

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