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Bastó un riel fisurado en el metro para que se suspendiera el tránsito en un tramo de una de las cinco líneas del tren subterráneo.   Bastó este imprevisto para que las poco más de cien mil personas que debían desplazarse en ese sector tuvieran que trasladarse a las micros, que aun reforzadas ante la emergencia, provocaron un colapso que alteró a toda la ciudad.

Chile es una de las naciones con mayor prevalencia de enfermedades mentales ocasionadas por el estrés, y es por lo tanto una de las naciones con mayor venta de calmantes y otros fármacos.  A pesar de eso, tenemos el doble de porcentaje en depresión que Estados Unidos y más suicidios que el promedio de la OCDE, que es nuestro modelo a seguir.

Algo no anda bien.  Y no se puede culpar al neoliberalismo porque es una situación que trasciende al modelo político y económico.  Es simplemente que no se está satisfaciendo la primera exigencia de cualquier ordenamiento social, que debe ser que las regulaciones no afecten la calidad de vida de las personas.   Luego vienen exigencias como el mejoramiento de las condiciones y la satisfacción de las necesidades básicas en materia de salud, educación o vivienda.   Pero lo primero de todo es que la sociedad no vulnere la integridad de los individuos.

Se habla mucho de reformas parciales, pero no se aborda el problema de fondo: La infelicidad de las personas y la incapacidad de la sociedad para siquiera detectar las causas de esa desdicha.

Esta semana bastó una falla parcial en el sistema de transporte en Santiago para que los individuos dejaran aflorar toda su agresividad e intolerancia y eso no puede ser.

No es posible llevar una vida satisfactoria cuando se pierden tres horas diarias o más solamente en viajes, cuando un porcentaje relevante del presupuesto familiar se consume en traslados y pan, cuando no es posible tener un descanso en silencio, cuando hasta buscar la distracción con un viaje fuera de la ciudad va acompañado del riesgo de muerte por accidentes, cuando se siente que el acceso a los bienes y servicios está marcado por el abuso de las empresas proveedoras y, sobre todo, cuando la gente cree firmemente que el Estado no la protege.

La fragilidad de la vida moderna en las grandes ciudades no es una abstracción. Se siente como algo angustiantemente real pero no se entregan las propuestas de solución y, mientras tanto, las personas pierden su humanidad y se comienzan a comportar como animales para poder sobrevivir en la jungla de concreto.

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Alguien comentó sobre “Fragilidad

  1. Una vez mas quedo demostrado, que todo lo improvisamos, no hay planes de contingencias , bueno que mas podemos pedir, si nuestra presidenta, dice que ” un presentimiento le decía que no debía dar el victo bueno para que comenzara el Transantiago ”
    ante esto que podemos pedir a lo menos opinar, si los que tienen el poder solo piensan en sus intereses.

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