Compartir

A medida que se va avanzando en la tramitación de la reforma a la educación, se va aproximando también el siguiente debate en este ámbito, porque tendrá que abordarse en algún momento el tema de la calidad de la educación y resulta razonable ir planteando desde ya el asunto de las definiciones, para que este tema se resuelva sin la presión de los plazos ni con propuestas que no provengan de un diálogo social amplio, como parece haber ocurrido con las etapas previas.

Si se le pregunta a cualquier persona qué entiende por calidad, responderá que el producto o el servicio esté bien hecho, pero en educación resulta necesario cuestionar también qué es lo que hace que el producto -en este caso, el alumno- esté “bien hecho”, comenzando por la cuestión respecto a si el estudiante puede ser considerado como un simple producto, lo que implica una definición acerca de la naturaleza de los seres humanos.

¿Cuál es la responsabilidad de la sociedad respecto de las personas?  ¿Es simplemente dejarles el espacio de libertad para que se desarrollen como mejor puedan o existe un compromiso para moldear a determinado tipo de individuos?

La pregunta sobre la utilidad de la educación es también otra forma de abordar el mismo asunto.  ¿Queremos preparar personas que puedan integrarse al mercado laboral o queremos gente con criterio propio, capaz de pensar por su cuenta?   En principio, se podría tratar de lo mismo, en el sentido que lo que se debe promover es la felicidad de las personas.   Se puede hablar de satisfacción, pero el término felicidad es más amplio y exige considerar variables que no se comprenden en la simple satisfacción.   Uno puede estar satisfecho por tener vivienda y salud, pero eso no hace que la gente sea feliz, aunque su inexistencia puede provocar la infelicidad.   Un propósito no excluye al otro.

La pregunta de fondo entonces no es qué debe entenderse por calidad de la educación sino qué tipo de sociedad queremos tener en el futuro cercano.

Naturalmente, tratar de encontrar una respuesta consensuada resulta casi imposible, pero no se debe renunciar al diálogo y la reflexión porque el que es, en realidad, el aspecto fundamental de la reforma no puede ser como un cambio de corto plazo ni impuesto por una mayoría política circunstancial.

Concordar en una visión de sociedad es, por último, una decisión de carácter estratégico, sobre todo en un país que ha optado por un modelo de desarrollo sin debate ni plena consciencia de lo que significa y si vamos a colocar a la educación en el centro de esa estrategia este es el momento de hacer esa discusión pendiente.

Compartir

Alguien comentó sobre “¿Qué es calidad?

  1. Que los adultos de hoy definamos el tipo de sociedad que vivirán nuestros hijos sigue siendo algo autoritario, aunque sea mediante un gran acuerdo social, ya que los niños no tendrán voz en ese acuerdo. Si queremos una sociedad más amable, debemos preocuparnos de los intereses del niño hoy y no de los que ese niño debe ser en 20 años más para que cumpla nuestras expectativas actuales. Potenciemos los conocimientos que cada niño quiere desarrollar en cada etapa y ellos definirán el tipo de sociedad que construirán en el futuro, según sus intereses. Saludos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *