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Cada vez con mayor legitimidad, las redes sociales están siendo un vehículo de expresión de la gente dentro de un sistema político, sea o no formalmente democrático, pero pareciera estar llegándose a un punto en el que se comienzan a asomar también sus debilidades.

Hace poco tiempo, las redes sociales sirvieron para la organización de los llamados “indignados”, gente en su mayoría joven, descontenta con las decisiones de sus gobiernos que se coordinaban de modo virtual para salir a la realidad a manifestar sus quejas.

Pero cuando la gente cae víctima de las debilidades del mundo virtual no resultaría justo hablar de indignados, porque el término más apropiado sería el de coléricos, es decir personas que se caracterizan por un temperamento que los lleva a la acción, a la rapidez en sus decisiones y ya sabemos que sumar ambos adjetivos llevan a la impetuosidad.   El colérico carece también de empatía, está centrado en sí mismo, por lo que sus acciones tienden a ser desconsideradas con los demás y reflejan la porfía de quien ha resuelto un juicio y no está dispuesto a revisarlo ni, mucho menos, a cambiarlo.

La diferencia entre unos y otros es esencial para los efectos de aprovechar de manera adecuada las redes sociales y las nuevas formas de ejercer la libertad de expresión.  Ambos están molestos pero unos proponen alternativas y asumen que forman parte de una comunidad que requiere soluciones para el conjunto de la sociedad.

Los otros sólo expresan rabia y su propósito es el desahogo, sin importarles mayormente la veracidad de sus argumentos ni la cohesión de su crítica. Son los que rechazan el uso de insultos cuando lo usa alguien del pensamiento opuesto pero no dudan en recurrir al más variado abanico de palabrotas cuando son ellos o quienes piensan igual los que dan su opinión.

El colérico se agota en su protesta y no persiste en su crítica una vez que ha saciado su necesidad de desahogarse.  Es el que insulta a los políticos y los vuelve a reelegir, el mismo que se la pasa opinando de política pero no vota.

Este tipo de personajes, que parece ser capaz de recoger cualquier rumor en las redes sociales y reproducirlo hasta el infinito agregando los correspondientes epítetos, no se arrepiente de sus acusaciones, aunque se le demuestre que son injustas y está dispuesto a volver a cometer el mismo error hasta que las redes sociales terminen de perder toda posible seriedad.

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