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En estos días en que se ha anunciado el proyecto de ley para el aborto terapéutico, o que se han terminado de tramitar iniciativas de especial importancia dentro del programa de gobierno, como el reemplazo del sistema electoral binominal, el fin de la selección y el lucro en la educación o el finalmente llamado Acuerdo de Unión Civil, resulta fácil escuchar a nuestros políticos diciendo que “la mayoría” está satisfecha por estos pasos, mientras otros sostienen que “la mayoría” está casi escandalizada por las mismas noticias.

No hay que engañarse: Es un truco, una herramienta de trabajo político.  Si se logra convencer a la audiencia que esa “mayoría” está con determinada posición, es posible que se logre que la “mayoría” lo crea y la expresión de deseo se convierta en realidad, pero hasta que ello no suceda no pasa de ser una simple pretensión, una intención, un deseo.

Por lo demás, es virtualmente imposible determinar a cada momento qué es lo que piensa la mayoría.  Esa misma “mayoría” que se supone que está por el aborto terapéutico puede cambiar si, antes de preguntarle, se le exhiben imágenes de los fetos abortados o se le presenta el testimonio de una madre arrepentida.  Por el contrario, también hay argumentos para provocar la opinión contraria, porque el manejo de las emociones permite manipular las opiniones.

Sin considerar que no se le pregunta a la gente a cada momento qué es lo que piensa sobre todos los temas, y que las opiniones son susceptibles de influencia y, finalmente, que las respuestas son fuertemente emocionales, tenemos como resultado que es imposible conocer qué posición tiene la “mayoría” tantas veces citada como respaldo a las afirmaciones de los políticos.

El interés de la clase política por convencer al público que representa a la mayoría está dado, obviamente, por el afán de demostrar que la posición propia es la que cuenta con mayor respaldo ciudadano, siendo que en estos tiempos de democracia representativa y próximamente participativa lo que se debe hacer es conocer de verdad cuál es esa opinión mayoritaria -dentro de todas las dificultades metodológicas- y actuar en consecuencia para que la política esté al servicio de la sociedad.

Visto desde la perspectiva de la política tradicional, el político debe conducir la opinión pública y crear mayorías en torno a sus propuestas.   Sea cual sea el ángulo desde el que se observa el asunto, resulta claro que lo que se hace en estos tiempos es seguir el camino fácil, impactar con el titular de prensa, la frase en la televisión, apostando a que la gente no piensa, y eso siempre será una dirección equivocada en la que se termina no sabiendo dónde se quiere ir.

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Alguien comentó sobre “Dirección equivocada

  1. De acuerdo con Magda. La “prensa” en este país no raramente informa y más bien manipula. La política y los políticos deberían cambiar de rumbo, para evitar que la “democracia” siga siendo corroída.

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