Compartir

-El caso es una niña con un cáncer: House dice, “Que no se le acerque Cameron, la adoptaría”.
-House entra en el despacho de Cuddy:”¿Sigue siendo ilegal hacerle una autopsia a alguien vivo?”.
-House a un médico del hospital:”Resulta que tus opiniones no dan buenos resultados. Te aconsejo que uses las mías”.

Describir al Dr. Gregory House es fácil: exitoso médico de profesión, un fracaso como ser humano, y protagonista de una tremenda serie de televisión, estrenada el año 2004, creada por David Shore. El argumento central nace de una columna médica escrita por la Dra. Lisa Sanders en The New York Times, y llegó a la TV para dejarnos a uno de los personajes más inolvidables visto en una serie.

No sabemos qué es lo que más nos cautivó. Si su facilidad asombrosa para atar cabos (lo que, curiosamente, ningún otro doctor puede hacer) y resolver casos complejísimos; si fue su adicción al vicodin, si su relación tan hermanable con Wilson, o su feroz capacidad de alejar a todo quien deseara acercarse.

El primer punto, en lo personal, es sumamente atractivo, pues a través de la medicina él se valida como ser viviente. Jamás le importo, siquiera un poco, alguno de sus pacientes, jamás se comprometió de verdad con un deseo de recuperación. Él sólo deseaba resolver el enigma médico que le planteaba cada ser humano, y para llegar a la resolución estaba dispuesto a todo: a escudriñar en un pasado tortuoso, en terribles historias familiares, de abandono, de abusos; era capaz de  mandar a su equipo a meterse a las casas, a cometer actos de ilegalidad total, todo en pos de la consecución del diagnóstico. En ese sentido, muy a lo Sherlock Holmes, unía cada dato, recordaba cada pisada, cada palabra, jamás le quedó un cabo suelto. Nunca necesitó de un libro de medicina, nunca recordó lo que le enseñaron en la Universidad, él sólo tenía su memoria y su olfato, con eso le bastaba para ser el mejor médico, escondido tras la fachada de un misántropo demoledor que no era querido, no era acompañado ni apoyado más que por un perro fiel: el Dr Wilson, que al igual que el Dr Watson de Sherlock Holmes, era su contacto con el mundo, su principal apoyo en el trabajo y en la poca vida que tenía fuera de el.

El Dr Wilson (Robert Sean Leonard), el Dr Foreman (Omar Epps), más la Dra Cuddy (Lisa Edelstein) fueron pilares que ayudaron mucho a sustentar a House como serie; cada uno en los suyo fue un motor para que el personaje central se equilibrara, y a veces todo lo contrario, provocando las peores reacciones y las más sarcásticas respuestas oídas en televisión. Wilson en lo personal, Foreman tratando de encauzarlo en lo profesional ,recordándole (sin éxito) que era lo correcto en Medicina y en el actuar ético de la profesión, y la Dra Cuddy tratando de enseñarle a amar y amarse.

¿Qué le debemos a House?

Ser, junto con Toni Soprano y Don Draper, uno de los personajes mejor desarrollados por un guion de televisión. Porque siempre fue él, jamás se traicionó.

Sus contradicciones: a pesar que se cree omnipotente necesita de su equipo para resolver los casos. Y así y todo, los maltrata constantemente. Y así y todo, ellos saben que están aprendiendo del mejor y “morirán” con él.

Su genialidad en la deducción; el utilizar el recurso de la experiencia y la asociación para saber qué patrón se repite.

El conocer al ser humano y sus miserias. “Everybody lies” no sólo es el nombre del episodio piloto, sino también la base sobre la cual House fundamenta todo lo que hace. Todo el mundo miente. “La única variable es sobre qué”

Su humor negro y artero, el que provocaba geniales revelaciones: “Si hablas con Dios eres religioso; si Dios habla contigo, eres psicótico”

Su pasión a la música. Esto es algo que Hugh Laurie descubrió justamente en la interpretación del personaje y, hacia el final, cada episodio era un regalo de buena música.

Por todo esto y por capítulos de antología, la serie se consolidó totalmente. Ganó un Peabody, dos Globos de Oro y tres Emmy. Fue la serie más vista en 2008, con un promedio de 82 millones de personas en 66 países, y cómo todas las series autoconclusivas, fue agotándose hasta que se hizo necesario el final. Y de eso se valió el último capítulo de este fenómeno llamado House: de la muerte. De la muerte como alternativa, como el enigma menos misterioso de todos. La escena final nos habla que, a la larga, esta historia no era sobre la medicina, no era sobre la ética de la profesión, no era sobre el amor o desamor. Era acerca de dos hombres solos, donde uno decide “morir“ (falsamente”) por el otro y devolverle la mano ante un destino, según diagnóstico, adverso y con la muerte como posibilidad en el horizonte. ¿qué sería finalmente de House sin Wilson?

Compartir

Alguien comentó sobre “Dr House, recordando al Sherlock Holmes de la medicina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *