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Los últimos dos años han sido nefastos para la TV chilena y su propuesta programática. Poquísimos espacios dedicados al arte y la cultura, la cancelación de programas emblemáticos y la abundancia de refritos y recocidos extranjeros, hicieron que el año 2014 la población emigrara hacia el cable y a los servicios streaming, ya bastante posicionados, dejando a los canales con ratings históricamente bajos, incluso en los horarios prime.

En la era de las series, fueron éstas las que lograron salvar en algo la situación. El éxito de “Los 80” y la propuesta esperanzadora de “Sudamerican Rockers” nos hicieron reflexionar sobre la posibilidad de que este fuera el camino para reencantar al telespectador chileno, es decir, tomar una historia local, darle contenido real, darle un guion fuerte que saliera del lugar común, que especificara tramas y sub tramas, y que éstas se fueran entrelazando y así cautivando, semana a semana, a un público poco fiel.

La última propuesta, en este sentido, acaba de terminar y se trata de “Zamudio: Perdidos en la noche“, serie que presentó TVN y que, a pesar no ganar en rating, generó un debate en los medios que es digno de considerar. La producción se basó en el libro “Solos en la noche”, escrito por el periodista Rodrigo Fluxá, y su hilo central fue narrar los días previos a la muerte del joven Daniel Zamudio (ocurrida en 2012), quien falleció luego de ser atacado por un grupo de hombres.

El protagonista (interpretado por Nicolás Rojas) fue presentado como un joven que quería ser estrella de televisión. Paralelamente, se desarrollaron la historia de los culpables de su fallecimiento, y así se fue trabajando el libreto.

Lo más rescatable de este proyecto fue que no se apegó 100% al libro y dejó líneas narrativas para una construcción más libre. En ese sentido, no fue precisamente una adaptación, algo que generó mucha discusión en las RRSS pues los más expertos indicaban que no había apego literario y que el guion iba por el objetivo (ambicioso) de estampar un debate sobre la tolerancia y el respeto a las minorías sexuales del país, más que por presentar este asesinato, sus causas y actuales consecuencias penales y, tal vez, sociales. Por otro lado, la nula consulta a la familia, los que alegaron falsedad en varias aristas presentadas, también podría encasillar a la serie como un híbrido, bien logrado, entre una adaptación con libertad creativa, sin jugársela por uno u otro bando, sólo mostrando hechos centrales relatados en el libro, pero sumando datos de la investigación periodística del equipo realizador.

La serie triunfó, también, en mostrar a una sociedad enferma, llena de estereotipos, exitista….estilo en el que también cayó el protagonista, quien no fue retratado como un joven confundido o afectado, al contrario, se le mostró como un joven que deseaba el éxito fácil y rápido. Alineado con lo anterior, fue un total acierto la escena de sexo gay del primer capítulo, mostrada con naturalidad, como parte de un guion, no como algo decorativo, sino como un detalle que aportó información sobre la forma de vivir la sexualidad en la época actual. El guion también acertó en darle a los “culpables” del asesinato el mismo tiempo en pantalla que al protagonista; cada uno tuvo tiempo para desarrollar su trama, sus temores, sus anhelos y creencias, por tanto, hubo un deseo de alejarse del “mito” en torno al joven asesinado, y más bien se quiso mostrar que toda esta tragedia tuvo componentes fríos provenientes de la desigualdad, la falta de educación, la marginalidad y la falta de oportunidades.

“Zamudio: Perdidos en la noche” es un tremendo paso al frente de la TV chilena al posicionarse en pantalla con una propuesta real, para nada humorística, y que intentó una reflexión,  un debate que trascendiera la pantalla. Si “Los 80” acertó con el tratamiento de la nostalgia como factor de enganche, Zamudio lo hizo con la representación de un hecho real trágico, pero que tenía una trasfondo social dramático, que es pan de cada día para muchas familias, y que nos habla de vivir entrampados en el odio pero también en la nula visualización de un futuro.

Acá hubo guion, propuesta, investigación, excelente pre producción, adecuada post producción, actuaciones comprometidas. Ojalá TVN saque cuentas positivas e instale, como canal público, la urgente necesidad de llenar la pantalla con temas y no con rellenos. Y que de la experiencia se hagan eco las otras televisoras chilenas.

 

 

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