Compartir

Igual que en la vida real, en la política es frecuente el uso de la mentira como herramienta para convencer al público y para ganar las negociaciones, pero igual que en la vida no se puede abusar y, cuando se la usa, tiene que emplearse con inteligencia y sentido de la oportunidad.

Sin embargo, muchos no se han dado cuenta que en estos tiempos de redes sociales ya no es posible mentir con la facilidad con que lo hacían antaño.   Hoy en día, las mentiras son detectables y la denuncia sobre el mentiroso se esparce aún con mayor facilidad.

Por eso es que, al igual que en las relaciones humanas, no es recomendable mentir y eso considera tanto hacer promesas sabiéndose que no se van a poder cumplir como dar explicaciones que no son convincentes.

Es frecuente escuchar entre los partidarios del gobierno la queja respecto a la manera en que se están sabiendo las cosas.   Dicen que la verdad se está revelando a gotas, y eso es porque se reconocen los errores y las culpas solo a medida que los responsables se ven obligados por la presión del público.   Lo sabio es aplicar el refrán que dice que es mejor ponerse colorado una vez que pálido toda la vida.   Es decir, que es mejor reconocer de una sola vez todas las responsabilidades que estar con un temor permanente a que se descubran las culpas.

En estos tiempos de transparencia, es sencillo recurrir a los registros judiciales, financieros y de todo orden para encontrar la hebra del hilo que lleva a la verdad.   Es insostenible suponer que, como antes, se podrá ocultar algún aspecto de la vida frente al escrutinio.  Siempre se saben las cosas y si no es por medio de una fuente formal, las cosas se conocen porque alguien las cuenta.

El mentiroso siempre es descubierto, y últimamente está ocurriendo que se lo sorprende más temprano que tarde, por lo que es mejor reconocer que los tiempos han cambiado y que ya no se puede mentir impunemente,

Bien sabe el mentiroso que demanda mucho más esfuerzo mantener la mentira, que siempre hay que agregar nuevas mentiras para cubrir la inicial, que se tiene que recurrir a cómplices que ayuden a mantener la falsedad.   Bien sabe el mentiroso, entonces, que es mejor no mentir.   Debería bastarle con haberse visto sorprendido en falta una vez para comprender que es mejor no tratar de ocultar las cosas.

Por otra parte, hay que decir que el público tiende a perdonar a quien confiesa pidiendo perdón, pero no tiene la misma disposición con quien insiste en tratar a los demás como idiotas.

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *