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Para hacer este comentario tuve que volver a ver un par de temporadas, y la sensación fue de reencuentro con viejos conocidos. Aquellos personajes que se te quedan en la memoria como viejos amigos, y que al volver a meter el DVD saltan nuevamente con sus grandes aventuras, diálogos y acciones, haciendo que el corazón los extrañe como parte fija de la parrilla de televisión. Eso es lo que a muchísima gente aún le provoca Los Soprano.

Aunque siempre han existido grandes series, antes de la década del 2000, a nadie se le hubiese ocurrido la idea de que el drama en la pequeña pantalla podía estar al nivel del drama cinematográfico, ni mucho menos por encima. El cine gozaba de una superioridad muy propia hasta que apareció esta serie que nos convoca.

Para explicar por qué Los Soprano es, para muchos, algo revolucionario, veamos primero el contexto. Las grandes cadenas norteamericanas habían empezado a cuidar la calidad de sus series. NBC lo hizo con “Hill Street Blues”, ABC con “Twin Peaks” y CBS con “Doctor en Alaska”. Pero ninguna de ellas tenía poder como para romper esquemas; eran series cuidadas pero con narrativas que se sustentaban en momentos, no había ambición de igualar lo que ofrecía el cine. HBO consideró que las series tenían un espectador cautivo, pero éste aún se distraía fácilmente. HBO no quería imitar el formato cinematográfico (como lo hizo Twin Peaks), pero sí imitar los cuidadosos procesos de producción del cine. Así fue como, luego de tomarse esta decisión, se debía buscar una idea y justamente David Chase, fanático del cine caponero, decidió sacarle rendimiento a una idea que estaba desarrollando para una película y trató de ajustarla al formato serie. Chase se inspiró en algunos aspectos de su propia vida para darle forma al personaje principal y luego fichó a muchos actores del género, incluso varios habían participado en la mítica “Godfellas”.

Una idea original, una buena plantilla…y HBO. Primera etapa lista, ahora venía el delineamiento del guion y la caracterización de los personajes:

La figura del mafioso sólo había conocido dos arquetipos universales: Al Capone, que representó al jefe criminal en el imaginario popular durante décadas, y el ficticio Vito Corleone de “El Padrino”, que hizo lo propio durante varios años más. Contra todo pronóstico, la poderosa aportación de James Gandolfini convirtió a Tony Soprano en un tercer modelo iconográfico del mafioso. Allí donde Capone y Corleone habían sido figuras casi omnipotentes, Tony Soprano asomó como una nueva clase de criminal: su omnipotencia era sólo aparente, todo fachada, porque en el fondo era muy vulnerable y estaba repleto de complejos e inseguridades. Tony Soprano ya no era el témpano de hielo que era Vito Corleone ni era el psicópata que era Hannibal Lecter, era alguien muy propenso a perder la estabilidad emocional y cuyos problemas de autoestima, bastante evidentes, lo hacían sentir un vacío existencial que ni él mismo podía comprender.

Otro elemento que hace de esta serie algo inolvidable es el reparto; está cuidadísimo y muy enfocado hacia un objetivo evidente: que cada personaje tuviera un gran carisma y fuera claramente distintivo, para facilitar la recordación en el público. Lo que se logró finalmente fueron individuos con personalidades llamativas y marcadas por el contraste con el resto; no se confunden y se transforman en “secundarios-protagonistas” lo que confiere una extraordinaria riqueza a cada uno de los episodios.

La primera temporada es magnífica. Se preocupó del conflicto entre Tony y su madre Livia. Cada capítulo alcanzó una cima genuina, culminando en un desenlace impactante. Chase dio un cambio de rumbo en la segunda temporada y cuando, en la tercera, quiso regresar a esta historia inicial, Nancy Marchand falleció dejando trunca una idea que podría haber sido mucho más explotada y aprovechada. Pero cada escena con ella presente fue una apología de buena actuación. Y aquí se toman la pantalla y el guion los asuntos mafiosos  pero mirados desde una perspectiva psicológica, siguiendo de cerca la evolución interior de Tony y del resto del elenco. La familia, la amistad y las relaciones siguen llevando las riendas en torno a una pregunta central: ¿es posible abandonar un ambiente como el de la mafia?.

Cada temporada fue un éxito crítico y comercial. Los Soprano es la serie, por cable, económicamente más exitosa en la historia de la TV y muchos la citan como una de las mejores de todos los tiempos. Alto nivel de calidad en la producción, guión y actuaciones. Se  le reconoce el haber elevado el nivel artístico de la televisión y facilitar el camino para que las cadenas televisoras aceptaran guiones más maduros, más artísticos, con más mérito técnico, con una música mejor seleccionada y con voluntad de tratar temas polémicos.

La crítica, de manera casi unánime, empezó a vocalizar una opinión que parecía herejía: ver Los Soprano era como ir semanalmente al cine para ver una película mejor que las que estaban en cartelera. Se empezó a hablar oficialmente de una “segunda edad de oro de la TV” gracias a Los Soprano, serie que duró seis temporadas sin disminuir su éxito y su prestigio. Personalmente, las dos primeras temporadas me parecen redondas, mientras que la última fue más irregular (no mala) pero esto ya son preferencias personales. Lo que pido es muy sencillo: vean la serie hasta el final. No desistan. Identifícate con algún personaje hasta Llegar a sentir lo mismo que él. La redención, la muerte, el suicidio, el asesinato, la confesión, la traición. Todo forma parte del mismo cóctel.

 

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