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El primer episodio del nuevo drama de Netflix te dejará desquiciado. El segundo te va a confundir. Y en el tercero debes tomar la decisión de si esto es una idiotez o simplemente una joya llena de genialidad.

Algunos seguirán dándole play instintivamente, otros, como quien escribe, se dejarán llevar y disfrutarán de una de las experiencias televisivas más gratificantes del año.

La historia se resume en que Daryl Hannah (se acuerdan de “Kill Bill”? la rubia tuerta del silbido) “da a luz” 8 seres en diferentes lugares del mundo. No nacen en el sentido literal: los “despierta” a una especie de conexión extrasensorial con ella y entre ellos mismos. Si esto te parece un delirio estás a tiempo de desempolvar las temporadas de Sopranos o ir a reírte con las estupideces de Neil Patrick Harris.

Sense8 tiene hartas imperfecciones pero no defrauda. El show es una de las apuestas más grandes en materia de series de TV porque el rodaje se hizo en 9 países, usando muy poco chroma y trasladándose por el mundo. Por lo mismo, la serie tiene un genial lenguaje visual, es lo que habla más fuerte. Los Wachowski encontraron nuevas formas para lograr que esa conexión psíquica entre los ocho seres sea algo concreto; por ejemplo, cuando un personaje “toma prestado” algunas habilidades éstas deben ser sacadas de otra escena (anterior o posterior) modificando las conexiones y las historias.

Sin embargo, el ritmo de casi toda la temporada es lento (el tráiler prometía acción). La serie se toma su tiempo para avanzar en la trama. Si bien a mí me enganchó con esos personajes que, por momentos, parecen caricaturas, se toman 3 episodios completos en desarrollarlos, lo que es casi imperdonable en una serie: si no das el golpe rápido pierdes la atención del público. Ya lo dije cuando hablé de “Better Call Saul”, que recién explotó a mitad de temporada porque el comienzo amenazaba con una lentitud sin propósito. Los Wachowski filmarán fantástico (porque visualmente son brillantes) pero de ritmo televisivo parecen no tener mucha idea. No por casualidad cambian de director en el cuarto capítulo (se hace cargo Tom Tykwer) y la serie adquiere otro tono y velocidad. Pero reitero, si no te engancharon en los 3 primeros capítulos no sacas mucho con seguir adelante porque Sense8 es la Leftovers de 2015: va a ser odiada y amada por igual, criticada hasta el hartazgo, pero los que conectamos con lo que nos quisieron contar quedamos atrapados y esperando más; mientras que Leftovers hablaba en sus silencios, Sense8 habla de sensibilidad, de un utópico mundo unido más allá del territorio, y lo hace usando la ciencia ficción.

Haciendo las odiosas comparaciones es más lenta que “Matrix” pero comparte algo del estilo y sensibilidad de “Cloud Atlas”. En cuanto a la televisión, es probablemente más cercana a “Lost” pero más universal y variada, con más trabajo de cámara y un personaje principal que tiene una resonancia particular.

Provocadora, con momentos musicales geniales, mezclando géneros (en la historia mexicana usan clichés de las telenovelas, y cuando están en India se mandan una coreografía a lo Bollywood), Sense8 traspasa la pantalla y agarra una agilidad maravillosa siempre y cuando te permitas ser atrapado por este experimento multisensorial.

Netflix sigue firme en su idea de dar vuelta la industria y por eso toma esta experiencia, que ni el cine ni la televisión tradicional, de semana a semana, serían capaces de aguantar. Los hermanos Wachowski son maximalistas en toda la línea y Netflix es, hoy por hoy, el paraguas ideal para este tipo de propuestas.

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2 Comentarios sobre “Sense8, la apuesta sublime (o delirio) de los Wachowski

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