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Es curioso que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española afirme que la palabra “exitismo” es un término que se usa en Chile y Argentina, definiéndola como el afán desmedido por el éxito, al cual describe como el resultado feliz de un negocio o una actuación, o la buena aceptación que tiene algo o alguien.

El éxito no depende entonces de la derrota del competidor sino que se produce por la conclusión satisfactoria de un esfuerzo, lo que radica su relevancia en uno mismo más que en los demás.   Es uno el que concluye de buena forma su empresa, independientemente que la ganancia significa la pérdida de otro.   No es el criterio de la competencia el que hace al éxito.

En momentos en que un triunfo deportivo genera una suerte de borrachera de optimismo, es prudente recordar también que este éxito se agota en el momento exacto en el que se lo logra.   Después del éxito, la empresa termina y lo que corresponde entonces es comenzar una nueva aventura.  Evidentemente el haber conseguido un resultado positivo sirve de base para comenzar de nuevo.   Se parte con cimientos sólidos, pero ello no asegura nada.

El exitismo, por su parte, es una amenaza.   El exitista tiende a creer que, una vez alcanzada una meta, las siguientes son seguras, se facilitan o al menos se tienen algunos derechos excepcionales adquiridos, y no es así, porque el negocio o actuación ya ha concluido y no se le puede extender.

Lo que sí es cierto es que el éxito constituye experiencia, y ese aprendizaje ayuda a volver a hacer bien las cosas.  Desde ese punto de vista, un éxito viene a ser un ladrillo más en la pared que hay que construir, pero no es la pared.  En la vieja analogía del vaso medio lleno o medio vacío, terminar un asunto de manera positiva es una o varias gotas en la acumulación del líquido pero no es el vaso completo porque la vida con todas sus responsabilidades y deberes no se agota en un solo episodio.

Así las cosas, hay que tener cuidado en confundir los límites del éxito para no llegar a un exitismo alienante que desdibuja las exigencias y las capacidades, porque si se llega a ese punto el éxito se convierte en una carga.

Por último, cuando se logran éxitos deportivos hay que celebrar, valorar lo obtenido, pero no dejar de recordar que no es uno el que estuvo en la cancha ni metió los goles sino que fuimos simples espectadores.   Lo conseguido en el campo de juego ilusiona, pero no se resuelven los demás problemas con ilusiones.  Sí sirve comprobar que se pueden alcanzar las metas, pero eso se llama experiencia.

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2 Comentarios sobre “Éxito y exitismo

  1. que bueno aterrizar después de tanto roce con el éxito….valoro sin embargo a esos jóvenes que no fueron espectadores, los que hicieron la pega , de verdad…. y cambiaron la historia a la cual estamos acostumbrados … se agradece un balsamo de buena ventura… y se acumula más experiencia…

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