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Dentro de todas las encuestas que se realizan periódicamente en el país, la última del Centro de Estudios Públicos incluyó una pregunta acerca de los hábitos informativos de las personas que dio como resultado un importante desapego del debate político.

Según esta variable, sólo un 12 % lee frecuentemente noticias de política, un 11 % ve programas de política en la televisión, entre el 8 y el 9 % hablan sobre el tema con los amigos o la familia y apenas un 7 % declara estar atentos a los temas políticos en las redes sociales.

Evidentemente, no se puede obligar a las personas a mantener un interés por los temas que considera ajenos a ellos, lo que se ve reforzado por el hecho que el argumento respecto a la importancia de la política en su vida cotidiana -desde el precio del pan hasta sus obligaciones legales- ni siquiera es aceptado por algunos.

Estamos viendo síntomas similares a los que se viven en el divorcio, salvo que en este caso la separación no es entre personas, sino entre las personas y la sociedad que habitan.

Aún más, las cifras parecen indicar que las personas permanecen distantes de cualquier tema que no les sea comprensible, salvo lo que se refiere a los asuntos propios del entretenimiento y la distracción.

Caben tres hipótesis: O la gente está muy concentrada en sus vidas como para interesarse en algo más o directamente cree que su futuro depende de manera única y exclusiva de lo que ellos hagan o dejen de hacer, sin considerar lo que ocurra en la sociedad.   La tercera posibilidad es que el desencanto de la ciudadanía respecto a la actividad política ha llegado a un punto tal de deterioro que ni siquiera la gente trata de informarse.   Para quienes participan con frecuencia en política, estas opciones parecen actitudes propias de un extraterrestre.

En el mismo estudio, parece inexplicable el grado de satisfacción que los encuestados declaran tener en su vida, respecto de sus expectativas en relación al desarrollo de la política y de la economía del país.    Parece existir también una diferencia en la forma en la que la gente se evalúa a sí misma y cómo mide a los demás, que puede llevar a pensar que se actúa más con prejuicios que por reflexiones objetivas y desapasionadas.

La explicación que abarca mejor todo es que las personas se han distanciado de su propia sociedad, que participan en ella solo cuando les conviene pero rehúsan hacer más aportes de los estrictamente legales -salvo en el caso de los jóvenes, que se incorporan a actividades voluntarios- y que la crisis política es, en realidad, una crisis social en la que las personas han optado por divorciarse de la sociedad.  Los divorciados sabemos que el proceso de partición es doloroso y es posible que rehuir la información sea una forma de reducir el dolor.

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