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Resulta cada vez más frecuente ver quejas en las redes sociales respecto a su falta de utilidad para promover el diálogo al interior de la sociedad.   Las críticas se dirigen principalmente a la intolerancia y agresividad de los internautas, y a que eso lleva a que el diálogo se haga imposible.  No son las redes sociales las culpables, sino quienes hacen uso de ellas, aunque también hay reconocer que las redes, por sus características, permiten conductas abusivas y de matonaje.

No es excusa recordar que llevamos años sin educación cívica en los colegios, porque este defecto se observa en personas de todas las edades y porque en los colegios nunca se ha enseñado a conversar, ni a pensar en forma crítica.

Cuando la sociedad enfrenta períodos de crispación, se hace más necesario que nunca el diálogo, y también se hace más evidente que no sabemos desarrollarlo en condiciones constructivas.   Nadie nos enseñó a reconocer al otro, ni a aceptar la posibilidad que pueda estar en lo cierto.   Nadie enseña a ordenar los argumentos y a expresarlos de forma comprensible, ni a entender lo que el otro dice sin suponerle intenciones ocultas o afirmaciones que, en rigor, nadie ha hecho.

El diálogo es un proceso de conversación en el que dos o más personas se comunican, expresan con honestidad sus opiniones, creencias, emociones, convicciones, las comunican de manera que el otro pueda comprenderlas y ponerse en el lugar propio para que pueda resolver si acoge o rechaza nuestras posturas.

La conversación es un ejercicio de honestidad que requiere un compromiso absoluto en tal sentido.   Si se entra en un debate sin la disposición a conocer la argumentación del rival de turno, en realidad no hay diálogo porque se falta a uno de los supuestos de la comunicación.

La conversación no se logra si no acepta al otro, con todos sus derechos, defectos y virtudes, porque solo a partir de ese reconocimiento es posible la comunicación entre dos iguales.   No se conversa con alguien a quien se desprecia porque ese es un prejuicio que imposibilita la comunicación.

Si se logra un debate en condiciones constructivas, este resulta validado para todos los que han participado, y el siguiente paso debe ser acordar las conclusiones de la conversación y establecer los compromisos correspondientes.  Esto implica que, si se ha generado un cambio en el pensamiento de cualquiera de los debatientes, ello se debe traducir en la adopción de nuevas actitudes, coherentes con esa modificación.   De esa forma se completa el ciclo y todas las partes obtienen beneficios.

Pero si nos negamos a aceptar al otro, si nos rehusamos a la idea de enriquecer o corregir nuestras ideas, no solo no nos estamos comunicando sino que además estamos dañando a las redes sociales como medio de conversación.

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