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Anticipándose a los efectos en el cambio del sistema electoral, los partidos y los dos principales bloques políticos vuelven a mirar hacia el Centro político, conscientes que la polarización que generaba el sistema binominal podría dejar de tener vigencia.

Cuando ya están comenzando los preparativos para las elecciones, este año con las municipales y luego con la presidencial y parlamentaria, los dirigentes políticos se dan cuenta que parte del distanciamiento de la gente con esta actividad es, precisamente, la polarización que se ha venido produciendo en la última década, con permanentes ataques y descalificaciones, mientras siguen sin resolverse muchos problemas importantes.

La táctica de culpar de todo al Gobierno anterior, como se hacía antes con la dictadura, ya no funciona porque la cantidad de información disponible a llevado a la ciudadanía a desconfiar de todo aquel que recurre a clichés en lugar de ofrecer soluciones concretas.

En este contexto, vuelve a reconocerse la opción del centro como un gancho para atraer al electorado, entendiéndose esta posición como una alternativa intermedia a izquierdas y derechas para la cual tiene más importancia el diálogo que la imposición de políticas que se hace desde la ideología.

Hay que considerar además que el tono de la política -como muchas actividades humanas- tiene una condición pendular, en que se pasa de un estilo a otro a medida que el público se cansa y ve que las promesas no dan el resultado que se esperaba.   De esta forma, es posible que una política mesurada y dialogante sea lo que prefiera el votante en este nuevo ciclo, y para eso los dos bloques y los movimientos nacientes buscan disputar el centro.

Lo que está por verse es si esa interpretación de lo que es una postura moderna se corresponde con la línea doctrinaria que marca la Democracia Cristiana, o si este eventual retorno a la moderación apunta para otro lado.

Del mismo modo, y suponiendo que este movimiento pendular ha sido bien interpretado por quienes aparecen ahora como centristas, también queda por resolver si se trata de una simple moda o de una estrategia electoral, o si efectivamente se ha producido un aprendizaje en torno a la necesidad de no extremar posiciones en un país mucho menos ideologizado de lo que se supone.

Por último, queda por ver cómo enfrentará la Democracia Cristiana este ciclo, asumiendo que es un partido que contiene militantes orientados tanto a la izquierda como a la derecha.

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