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Ya muchos vienen hablando desde hace un tiempo sobre el aumento de la desconfianza en nuestro país.   Desde la desconfianza respecto del vecino hasta la desconfianza en relación con las autoridades.   Todos parecen creer que los demás tienen algún motivo escondido y que, en cualquier momento, van a hacer algo para perjudicarnos, ya sea por un ataque directo o el incumplimiento de las promesas hechas.

Desde ese punto de vista, la desconfianza es una expresión del miedo que sentimos en relación a los demás.

Este fenómeno de la desconfianza tiene una connotación de espiral.   Si yo mismo no confío en el otro, no puedo esperar que el otro confíe en mí, y como veo que el otro desconfía de mí, es natural que mi desconfianza respecto de los demás.

Esta conducta se ve desde el plano local hasta el nacional y la mejor demostración en los últimos es la respuesta que ha dado parte de la oposición para restarse de participar en el proceso constituyente convocado por el Gobierno.   Es evidente que hay motivos para suponer que la participación de las personas no será tomada en consideración y el Gobierno terminará poniendo en el texto constitucional los temas que le interesan y de la forma en que más le acomoda.   Tampoco se sabe hasta ahora cómo será ratificada esa eventual nueva Constitución. ¿Será el actual Congreso Nacional, será el próximo, será una Asamblea Constituyente electa para ese propósito, un plebiscito?   ¿Se presentará a la consideración de la ciudadanía un solo texto, o se podrá elegir entre más de una alternativa?

Sin duda, se trata de un proceso importante y apasionante, por lo que resulta difícil comprender la negativa de la oposición a participar, salvo que se recurra a la desconfianza como explicación.  Y al miedo, por cierto, que en este caso se refiere a la posibilidad de legitimar un proceso respecto del cual no se tendría capacidad de influencia.

En cierta medida esto se parece a lo ocurrido en 1987-1988, cuando las fuerzas que componían la oposición de entonces a la dictadura, debieron decidir si se constituirían como partidos políticos bajo la ley de Pinochet para participar en el plebiscito sobre la continuidad del Gobierno de la época.  Tras muchas dudas y debates, finalmente lo hicieron y ya la historia sabe que se obtuvo un triunfo en las urnas.

Es necesario comprender que la Nación no le pertenece a un solo sector político y que es en el juego de la participación de todos que se toman las decisiones.  La desconfianza y su correlato con el miedo sólo llevan a la marginación y esa es una amenaza concreta a los acuerdos nacionales frente a la cual deben responder tanto los invitados como quien convoca.

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