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No es mérito tuyo, Francisco, entiéndelo. No escuchaste a las víctimas en su momento. Acepto que ser Papa no es fácil, y que son múltiples los asuntos y tareas que debes atender, por ello delegas en otros y recibes sus informes. Pero este era un caso en el que incluso había un juicio de por medio. No te costaba nada acceder hasta al expediente judicial si hubiera sido necesario. O a la prensa. Todo Chile conocía el caso Karadima. Las víctimas nunca cedieron. Se expusieron hasta el dolor con la dignidad de sus rostros vejados y cansados. ¡Hasta hubo una serie televisiva que contó la historia! Pero, en tu soberbia, no aceptaste más que lo que te decían tus obispos y arzobispos. Tu viaje a Chile fue un desastre. Te negaste a recibirlos y hasta apusiste en duda la credibilidad de las víctimas, la misma que sí fue aceptada en el juicio. Defendiste al obispo Barros hasta la necedad, amparándote en los informes de tus pichones, prelados y acólitos con sotanas de todos los colores. Te echaste encima a un país entero que sí creía en las víctimas y eso sí te dolió. Y ahí aceptaste que tal vez estabas mal informado. Que tal vez te equivocaste. Que tal vez debiste escuchar a las víctimas, y lo hiciste por fin. Recibiste a las víctimas, te contaron su verdad, te dolió escucharlos (eso espero). Llamaste a tus pichones y la verdad te estalló en la cara. Ahora tus obispos chilenos te ofrecen la renuncia. La aceptarás, claro. No tienes otra salida. Pero recuerda, no es mérito tuyo. Es de la fuerza poderosa, envidiable de las víctimas. Fueron Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo, quienes hicieron esto. Tres nombres que ni tú ni nadie olvidará jamás. Tres hombres que siempre dijeron la verdad.

Espero que hagas los cambios que se necesitan. Espero que no olvides que, lamentablemente, hay muchos más Cruz, Hamilton y Murillo en el mundo esperando tu intervención. Esperando justicia. Esperando sobre todo, que cesen los abusos que sufren a diario. No olvides a las víctimas del Provolo como sí lo hiciste con ellos. No olvides a las víctimas de todos los países donde la Iglesia Católica ha permitido y ocultado los abusos.

Si vas a hacer una revolución Vaticana, hazla completa. Ya no basta con rezar ni con pedir perdón. Ya no basta con rezar ni con pedir perdón. Actúa, Francisco, actúa. Por las víctimas, no por tu Santa Sede. Hazlo.

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4 Comentarios sobre “Carta a Francisco. Reflexiones sobre la renuncia de los obispos chilenos

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