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Se ha hecho un lugar común suponerle intenciones siniestras a los medios de comunicación, basadas principalmente en que estos no divulgan las informaciones que a sus críticos les parecen importantes e incluso ineludibles, pero se suele olvidar que la prensa (escrita, radial, televisiva e incluso digital) no son instituciones de caridad ni tiene como propósito servir a la ciudadanía, sino que son empresas comerciales que, primero, tienen que solventar sus costos de operación y, segundo, tienen como fin dar utilidades a sus propietarios.

Por eso es que en democracia la regla no es poner los medios al servicio del Estado -como si el Estado que está administrado por el Gobierno de turno, representara el bien común- sino que el principio es que cada persona que lo desee pueda tener la libertad para crear su propio medio de comunicación.   En estos tiempos digitales y globales esta posibilidad es casi gratuita, por lo que los críticos de los medios pueden perfectamente crear su propio medio de comunicación y comprobar en los hechos que no es fácil la subsistencia.

Así como ocurre con la definición de verdad, la objetividad periodística también depende de la perspectiva de quien la sostiene, lo que en términos prácticos significa que no existe.

Tener diferencias de opinión no debe ni puede interpretarse como una intención malévola de la contraparte de mentir permanentemente, así como tampoco puede sostenerse que siempre dice la verdad, pero desde una mirada pragmática es imposible suponer que todos los periódicos, todas las radios y todos los canales de televisión se ponen de acuerdo en reuniones semanales sobre las mentiras que se esparcirán en los siguientes días.

Lo que sí hay es que como ocurre, por ejemplo, con un determinado oficio, todos los directores y editores de medios comparten una visión precisa de la sociedad, pero en definitiva es el mercado el que determina los contenidos.

Un ejemplo claro de ello: La televisión cultural.  Nadie puede negarse a emitir espacios de calidad que eduquen (o instruyan, que no es lo mismo) al público, pero si sigue teniendo más audiencia hablar sobre los chismes de los ricos y famosos que explicar el origen del idioma rapa nui, es inevitable que la cultura termine siendo desplazada.   Eso no corresponde a ningún plan maquiavélico sino a la simple constatación de la realidad cultural de un público determinado.  Se puede decir que los medios han deformado la inteligencia de la gente, pero eso ya sería insistir en teorías paranoicas y no asumir la responsabilidad que cada uno tiene de entregar contenidos inteligentes capaces de contribuir al desarrollo de la inteligencia de la gente.

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Alguien comentó sobre “Paranoia, Mentira y Verdad

  1. Es cierto todo lo que dice, pero existen algunos principios básicos en el quehacer humano que nos han llevado al desarrollo tanto intelectual como moral..En una sociedad donde la educación se ha quedado atrás, donde las leyes del Mercado gobiernan el actuar de todo, incluyendo los medios de comunicación, existe una responsabilidad básica de los que ostentan el poder, y los medios de comunicación son un poder, y que es el actuar ético.. es decir guiados con un fin de bien común, el hacer bien las cosas. Por lo tanto ahí sí hay una responsabilidad ineludible de velar porque los contenidos de esos medios de comunicación no sean degradantes, no influyan más en el decaimiento cultural de la sociedad donde están inmersos, y manejan una cuota de poder… esforzarse porque los buenos contenidos sean atractivos y colaborar en el bienestar de la gente, bienestar en el más amplio sentido.Considerenlo como una inversión y no un gasto..No le dejen esa responsabilidad sólo a los padres que tienen escasa cultura o a unos pobres profesores mal remunerados y mal preparados. No colaboren más a la mentada desigualdad, solo guiados por la codicia que mueve al Mercado..eviten programación con contenido basura , elegida solo porque vende más.. utilicen el concepto que el Estado está colocando en los alimentos dañinos para la salud, piensen en los sellos que advierten de la cantidad de grasa o azúcar de los alimentos.. si se hace para los alimentos del cuerpo, también se puede hacer para los alimentos del espíritu.. como el oficio del periodismo de calidad

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