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Todos los balances anuales tienen más o menos los mismos ingredientes: Grandes dramas humanos, desastres naturales, fallecimientos (Nicanor Parra, Lucho Gatica) historias de sobrevivencia, esperanzas frustradas, logros inesperados, pero el balance del 2018 en Chile tiene características especiales: Ha sido el año de la pérdida de confianza en las instituciones.

Si bien no todas las historias comenzaron durante estos doce meses -incluso algunas tuvieron su génesis años y décadas atrás- parecen haberse confabulado para explotarnos en la cara en este año que ya se va.

Ahí están sobre todo la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas, la rebelión feminista, la migración, y sobre todo la incapacidad de las autoridades para resolver los problemas pendientes como son la contaminación, el sistema previsional y la calidad de la educación.   Todos esos temas conducen a la decepción de descubrir que quienes suponíamos intachables y responsables en realidad cometieron delitos por largo tiempo sin que la Justicia se hiciera cargo en un país que se ufanaba de estar libre de la corrupción.

En términos psicológicos, probablemente lo más grave sea lo ocurrido con la Iglesia Católica que, sacudida por graves denuncias de abusos sexuales, vio descabezada su cúpula en una inédita medida asumida por Francisco.  Curas expulsados del ministerio, videos escandalosos, excusas propias de jardín infantil y el humano afán de tratar de esconder la podredumbre debajo de la alfombra.

Luego el tema de las FF.AA.  Militares y Carabineros manchados por desfalcos millonarios sobre los que aún no hay sanción penal, agregándose en el caso de la policía uniformada el abuso de fuerza, el asesinato de Camilo Catrillanca y una creciente tensión que pone en duda lo obrado por el Estado de Chile en la materia desde el Siglo XIX.

Lo que ha cruzado a la sociedad chilena es el auge adquirido por el movimiento feminista, tanto en su faceta de la reivindicación de derechos como en la denuncia de los abusos que durante décadas fueron considerados erróneamente como parte de la normalidad.  Una de esas cosas que se sabe que ocurren pero de las que no se habla, hasta que miles de mujeres salieron a la calle y se tomaron las universidades para plantear sus reclamos con mayor o menor radicalización.

Dentro de los temas gravitantes, sin duda que la evidencia del deterioro ambiental ha sido sorpresivo para muchos que pensaban que Chile podía desarrollarse económicamente sin dañar a las personas, pero el caso de Quintero-Puchuncaví con cientos de intoxicados, además de otros episodios menos visibles, ha sido un llamado de alerta para tomar el asunto de la contaminación en serio e incluso la necesidad de replantearse nuestro modelo productivo.

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Alguien comentó sobre “2018: El Año de la Decepción

  1. Buena reseña y resúmen de lo que fue 2018. “Keep it short and simple” but deep going! A veces hay que topar fondo para darse cuenta de que ya no va más hacia abajo y empezar en un camino de vuelta hacia algo mejor. Sin embargo noto una ceguedad entre los bandos a los lados de la grieta política y muy poca disponibilidad de empezar a trazar vías para un futuro próspero para todas y todos absteniéndose de violencias de cualesquiera índole! A lo mejor no topamos fondo aún? La esperanza es lo último que se pierde! Saludos y que tengas un buen Año Nuevo, ojalá con perspectivas mejores para todas u todos nosotros!

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