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Los últimos hechos noticiosos son preocupantes en relación a la crisis de las instituciones, que básicamente se refieren a problemas éticos protagonizados por personas y que arrastran consigo a las instituciones en las que participan o representan.

Al margen de la veracidad exacta de los hechos y de las explicaciones que puedan darse, la gente entiende que los hijos del Presidente se han aprovechado de los recursos públicos para hacer negocios, el hijo de la anterior Presidenta salta al ruedo para tratar de aliviar sus propias responsabilidades, desfalcos en el Ejército, Carabineros, la Policía civil, la detección de 1/6 de militares que estarían mentalmente incapacitados para el servicio, la reducción de la relevancia de la historia en la formación escolar, el nuevo Obispo Auxiliar de Santiago afirmando que las mujeres prácticamente son de segunda categoría, Chile en el segundo lugar en la tasa de suicidios en el marco de los países de la OCDE con los que a tantos les gusta compararnos.

Se pueden intentar muchas explicaciones, desde la corrupción de la clase dirigente hasta las consecuencias del materialismo, del consumismo y del individualismo impuesto por la dictadura, pero el hecho relevante es que ese tipo de explicaciones siempre  terminan poniendo la culpa de estos hechos en otros, dejando de lado nuestra propia responsabilidad, al haberlos permitido e incluso haber incurrido en prácticas similares en pequeña escala.

La sensación ciudadana, con total independencia de las posiciones ideológicas de cada uno, apunta al abuso como la expresión que resume este escenario, y ello se basa en la falsa idea de creer que se puede hacer a los demás lo que sentimos que nos hacen a nosotros mismos.

Siempre es más fácil culpar a otros que hacernos cargo nosotros mismos de los problemas y buscar soluciones, pero ese comportamiento lleva invariablemente a ahondar las dificultades y a empeorar la situación.

Es más fácil esperar que algún día aparezca alguna autoridad capacitada para hacerse cargo de dar una solución a la crisis, pero los propios ciudadanos no se comprometen a ayudar en esa tarea y en cada elección participa un menor porcentaje de las personas habilitadas para votar, muchos de los cuales descargan luego su furia y se frustración en las redes sociales, nuevamente endosando las culpas a los demás olvidando que en la base de todas las relaciones sociales, ya sean a pequeña o gran escala, están la ética y la justicia.    Mientras no se entienda eso, entre todos seguiremos repitiendo las mismas conductas que reprochamos a los demás.

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Alguien comentó sobre “¿Qué nos hemos hecho?

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