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Como una forma de exorcizar el dolor junto a las tumbas
de los padres asesinados hicieron música, bebieron
vodka de mala calidad y se juraron amor creyendo a pie
junto en los misterios anaranjados de esa luz. Bajo esa ley
de semejanza inútil que rodea los cuerpos,
muestran al deseo sus cuerpos arañados. Porque deben
redefinir la vida para la prueba de filosofía
más compleja de la historia especulan con la cabeza
hundida en el pecho del otro, mientras el cesio 133
llena de átomos, el polen y los recuerdos que el silencio.
deshoja. Sin pudor la conciencia desnuda atraviesa.
los campos minados y la línea de fuego. Abrazado a ti el tiempo
desaparece y tú también desapareces con el tiempo
y el entorno deja de ser visible y, véalo usted mismo
con sus ojos, el día permanece imperturbable dentro de la habitación
donde alguna vez comieron duraznos. Nunca pudieron irse
de ese ahí para volver a tomar aire. En aquella
embriaguez, nada de lo real es irreal para siempre,
y, de súbito, antes de perder los ojos dejan libres
las águilas que crean. El espectáculo no puede ser más
desolador: millones de águilas paradas sobre los edificios
vigilan el tiempo que se pudre sólo para ellos.
Aunque no es bueno confesarlo, menos aún en estado de sitio, .
sentían miedo. Sin meditarlo demasiado, como un acto reflejo
liberaron palabras que sangraron sobre la hoja en blanco.
Nunca debieran haberlo hecho– pensé. Les caerán
las penas del infierno. Y las que no sangraron
incendiaron libros, bibliotecas, ciudades. Le dijo:
Somos la cicatriz que deja el martillo sobre los dedos
del niño que asiste a su primera lección de piano.
Sin que nadie intervenga despierta y se organiza
la materia porque comienza el exterminio y el caos
universal intenta apropiarse de las cosas y adecuarlas
a su regalado antojo. La muchacha, que alguna vez
se cortó el pelo como las Pussy Riot, responde
cerrando el círculo desde algún punto que no puede
precisar. Nuestro amor es la suma de las lluvias.
Lo vivido abandona la vida para transformarse
en una representación. Cuando estaban solos pensaban
que se quedarían sin memoria porque la verdad
fluye aguas abajo alterando los estados de energía.
Una mano se mueve debajo de la nieve, y ese ruido
ínfimo, musical, estremece al mundo. Y esa mano
pianíssima, que ya no está en su mano, escribe
el poema que no termina y no hay Dios que pueda
borrar al mar dentro del mar ni el teclado.

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