SITIOCERO

Victoria Uranga HarboeMalucha PintoRebeca Araya BasualtoMauricio TolosaMariluz SotoAndres RojoCarolina CádizAlberto CecereuAlejandra YermanyPatricia MoscosoFesal ChaínMagdalena RosasJosé Manuel VelascoJuan FredesGustavo Adolfo BecerraSergio ArévaloMaría del Pilar ClementeMacarena PolancoCarolina FerreiraVerónica Grünewald

El Mendigo Literario

Gustavo Adolfo Becerra Publicado: 14 febrero, 2017

Este es un delicado trabajo audiovisual del artista chileno Osvaldo Torres, a partir de un texto mío.

“Así como los muertos nos hablan de la muerte y ningún muerto ni todos los muertos son la muerte, y menos aún la eternidad, así también la pobreza”,  Vicente Zito Lema

1. Evidente es la presencia de un Violín
amarilleando las callejuelas sin luz.
Sólo pienso en esas Treinta Mariposas
que en este instante sobrevuelan la Historia,
multiplicadas a veces, diezmadas, mojando el cielo,
amando planetas que luego abandonan.
Quedaste con pérdida parcial de movimientos
producto de un accidente de tránsito.
Cabellos grises. Edad indeterminada.
Recogido, sin nada que beber
morimos a Orillas del Mundo.
Otra vez la misma Silueta: una Casa
flota en la Niebla. Los árboles se desplazan
de un lugar a otro. El viento
lo llevas debajo del abrigo.

2. Eres una palabra que puedo escuchar.
Aunque no conozco su significado
huele a noche mal parida, a vino agrio.
Alguien te dibujó bajo la Línea de Pobreza.
Envejeciste, sin mediación y se trizaron
los cristales de tus lentes. Viejo,
¿verdad que viste Brillar sus Aluminios?
Sus azules, mi Dios, y la hambruna de sus blancos,
como si fueran dientes. Abrígame en su frío.
A ella la escribieron como Paloma de Plaza.
Las palabras que contenía ese Poema
eran tan hermosas que cuando se bañaba
desnuda, todo el Río se transformaba
en Liturgia. Cada mañana me cercioraba
que estuviera dentro del Texto,
usando con seriedad la libertad entregada.

3. Los zapatos del mendigo que hacen reír,
traen dentro de sí los pies del mendigo.
Curiosa constatación de la chaqueta
raída: has bajado mucho de Peso y tienes
los dientes amarillos. Viejo —le dije— ¿qué haces
aquí? Si bien es cierto no requieres
autorización para entrar a mi poema tampoco
es bien visto que duermas en su suelo.
Padeces del mal de Diógenes
y llenas de basura este espacio cósmico.
Otros personajes Literarios corrieron
peor suerte. Admite que has bebido
demasiado y que te cuesta sostenerte en pie.
Esta noche seguirás juntando palos secos
para hacer fuego amenazando
con quemar la Casa del poema.

4. Tengo cierto dominio sobre el Texto
y puedo generar cambios atmosféricos.
Estoy en condiciones ventajosas
de aplacar cualquier intento de rebeldía
en virtud de las leyes del acto creativo
que hasta los más humildes, respetan.
(Los tiranos también sienten miedo
de ese único poder que exhiben los poetas).

5. Seamos proactivos. Podrías quedarte a dormir
en este portal de Iglesia que acabo de escribir,
pero los policías municipales te sacarán a golpes.
Sé que no te asustan esas cosas: has sufrido
mucho, por eso un nuevo sufrimiento,
no te hará mejor ni peor. En muchas ocasiones
has tenido una actitud similar: venir
sin que te llamen. Y como no encuentras
qué comer, empiezas a comerte mis versos.
En alguna oportunidad —recuerdo— dijiste
que no reincidirías en esa conducta.
Pero poco vale tu palabra. Puedes ir a otros
lugares pero te obsesionas, con esta página
en blanco, que uso para mirarme
como en un Gran Espejo.

6. Eres más de mar que de tierra,
por eso poca es la eternidad que reúnes.
A orillas de las Playas dejas tus huellas,
junto a huesos de pollo, que quizás
tú mismo comiste. Creo que esa vez
te respiraste todo el viento, incluso
pensé que toda la escritura misma
—que te contiene— se había regenerado
como las colas de las lagartijas o los brazos
de las Estrellas de Mar. Y no ha sido así.
Ahora te quitas un zapato y muestras
los calcetines llenos de hoyos. Dices
que es posible vuelvas a delinquir:
finalmente la cárcel no es el Paraíso
pero tampoco es el Infierno— arguyes.
Esta mañana no te lavarás en la pileta.

7. La mujer literaria que amaste, ya no está.
La borré definitivamente. Se ha ido
con otro poeta buscando mejor vida
en otra escritura. Intenté, pero no pude
retenerla por más tiempo. Tomó
sus cuatro estrofas y se fue. No alcancé
a escribir para ella una elegía como deseaba.
Eran sus Bosques Nidos —me confesaste.
Zumbaba en ti como tú zumbabas en ella,
llenando de Flores, Páramos y Piedras.

8. Claro que no estoy en tu pellejo. Si planteas
exigencias de ese tipo, no tendré
otro camino que cerrar este archivo.
Los niños de la calle comen fruta podrida.
Viejos como tú hay muchos. Espera
un minuto. Suena mi móvil. Ya regreso.
Detrás del Muro/ladran los Perros de la Miseria.
Sus Ladridos construyen otros Perros.
Uno de esos perros te perseguirá para siempre.

10115 Personas han leído este artículo


3 Comentarios

  1. Paul ha comentado

    Magnífico maestro.

  2. carolina ha comentado

    Tremendo poema!!! Belleza y espanto. Gracias muchas.

  3. Jorge romero ha comentado

    Hay palabras que sólo ocurren en las palabras, porque son las palabras las que reconstruyen lo vivido y anuncian lo que podríamos vivir, para bien o para mal

Escribe un comentario

Los campos marcados con * son requeridos