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La triste desigualdad

Alberto Cecereu Publicado: 13 marzo, 2015

Voy llegando al Condominio donde vivo, y como es recurrente, en sus espacios comunes estaban los niños y niñas jugando alegremente por todos lados. Ahí una niña de aproximadamente 12 años le dice a otro de una edad similar: “Se nota que tú tení plata, que erí de plata, se nota haaarto”. A lo que él con sorpresa le dice: “Naaaa que ver, ¿porqué piensas eso?” Y ella, sin timidez le responde: “Es que tu eres rubio y con ojos claros, no como yo, morenita po…. erí de plata”.

Pudo ser una anécdota, pero en verdad, reparé en el hecho como la demostración viva de la triste desigualdad que vive nuestro país. Una desigualdad que se reproduce en el lenguaje, en cómo se han ido construyendo el mapa de relaciones humanas desde la propia familia, y a su vez, cómo tejemos el entramado social.

¿Cómo esta niña es capaz de asociar el color del pelo y los ojos con el nivel de ingresos? ¿Copió y reprodujo la pregunta que escuchó de sus padres o de sus profesores? ¿Es la influencia de los medios de comunicación? ¿Es constatación temprana de los hechos de la realidad social? Puede ser todo eso a la vez, y es lo más probable que así sea.

Recorres la capital de Chile y ves una desigualdad vergonzante. Las suntuosas mansiones de San Carlos de Apoquindo y La Dehesa contrastan con la dureza del hacinamiento de Bajos de Mena, La Pintana o la violencia brutal de la Legua. En la ciudad jardín, ahí donde se realiza el Festival más importante de Latinoamérica y se le pagó 430 millones de pesos a Romeo Santos, pervive el campamento más grande de Chile, el Manuel Bustos, con una pobreza extrema que impacta hasta la médula. Las ciudades que están vinculadas a los centros mineros, no coinciden con los millonarios sueldos de ejecutivos y operarios con la realidad de la población que fagocita de los primeros a través de la proliferación de la prostitución y el narcotráfico. Y así sumemos las localidades del sur austral que no tienen acceso a medicina, educación ni servicios básicos. Tema aparte, lo que viven los mapuche en el Wallmapu, con características de segregación total.

La triste desigualdad también está en los números. El 53,5% de los trabajadores chilenos gana menos de $300.000  y el 70% menos de $426.000 pesos líquidos. Las personas de regiones lo pasan peor: en La Araucanía, Maule, Bíobío y Los Ríos, el 70% de los trabajadores gana menos de $350.000 líquidos. Igual de triste es la cifra que registra cerca de 700 mil Subempleados, siendo $100 mil pesos el sueldo del 50% de ellos.  A nosotros que nos gusta decir que somos los ingleses de América Latina y que somos un ejemplo mundial: 7 de cada 10 trabajadores chilenos, gana menos que el salario mínimo promedio de los países de la Unión Europea. Usted me dirá acá, que no nos podemos comparar con el nivel de desarrollo de Europa, algo que puedo hasta concordar. Pero déjeme ver si con esta cifra lo convenzo:  Cuando los países OECD tenían el mismo nivel de PIB per cápita que hoy tiene Chile, su salario mínimo por hora – en promedio – duplicaba el actual salario mínimo chileno.

Chile, vive una triste desigualdad que va demostrando sus efectos en la crisis de legitimidad política que vemos suceder, y al mismo tiempo, con la creciente violencia de la ciudadanía con su entorno. El aumento de las tasas de abstención política, la despolitización de la ciudadanía, la proliferación de los linchamientos públicos, la violencia verbal que ves en las calles, etc. es la bronca de las personas con el sistema, con un cuento que aunque lo siguen comprando, no creen en su efectividad pero que se sienten atrapados y violados por el monopolio de la mentira.

Ustedes pueden reiterar que esto es una anécdota. Que mi pesimismo está fuera de foco, que leo mal las señales de la realidad. Puede ser. Total, un reciente descubrimiento por el detector de ondas gravitacionales GEO 600 de Hannover,  Alemania, detectó un extraño ruido que podría ser una de las primeras pruebas en torno a la teoría del Universo como un holograma que dice que: Nuestra experiencia cotidiana podría ser una proyección holográfica de procesos físicos que tienen lugar en una lejana superficie bidimensional.

Es decir, tenga como posibilidad que esta triste desigualdad, esta bronca que se cultiva y que puede explotar de diversas formas, quizás, es un holograma solamente. Y no se preocupe, que en ese caso, es una realidad absolutamente relativa.

Ilustración extraída de la página de Facebook de Pawel Kuczynski

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