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Castillo Negro“, conocido también como  “La Pajarera”, “La Palomera” fue la primera vivienda de Nicanor Parra en Las Cruces, una mansión que habitó  tan solo un par de meses; un incendio  lo convirtió en una ruina de cenizas, a mediados de la década de 1986.  Nunca se supo el origen del fuego, nadie sabe qué sucedió. Algunos dicen que fue un problema eléctrico. Otros culpan a “Juan Paloma”,  su cuidador, lo habría incendiado, vengando su despido. El poeta le había solicitado la vivienda para instalarse con Colombina y Juan de Dios, sus dos hijos menores. Gustavo Frías contó en una oportunidad que hablando sobre esto con Parra,  este le dijo que había preguntado al cuidador – ¿Tú fuiste? – a lo que él  respondió  -No – agregando que la casa era más de él que suya, que él la quería más.

¿Será una leyenda? Lo cierto es que el hechizo de esta imponente mansión diseñada por el arquitecto, Héctor Hernández Varas, se remonta a los años de su primer propietario y su propia historia al comienzo del siglo XX. Fiel reflejo de la vida inicial palaciega del balneario, Rodolfo Marín Carmona, lo construyó para  su joven esposa, era su regalo de matrimonio; un sueño que nunca concretó porque ella murió de tuberculosis antes de finalizar la obra. Triste y deprimido decidió venderlo a Inés Cerda Bernales (1935), quien además de hospedaje lo puso a disposición de la comunidad, abriendo un kindergarten y para realizar talleres de catecismo. A su muerte, lo compró Orlando Salazar y después pasó a manos de Nicanor Parra,  tras innumerables llamados telefónicos que él hiciera con diferentes combinaciones debido a que el letrero de venta tenía un número con un digito borrado.

A cinco años de la muerte del poeta,  organizado por la Municipalidad de El Tabo, en conjunto con la Agrupación Cultural, la Mesa de Escritores y el Colectivo Las Cruces por Siempre y para Siempre, se realizó el “Primer Encuentro Provincial Antipoesía Nicanor Parra“, una actividad que contó con lecturas de poetas residentes en el Litoral y el conversatorio “Castillo Negro Imaginario del Hombre Imaginario“.

Andrés Richards Davico (arquitecto) contó en este conversatorio  que desde muy niño se obsesionó  con el castillo, creció viéndolo desde la playa y que desde que se incendió padece de “Pajarititis”; hechizo que lo ha llevado a rescatar su historia, reconstruirlo en una maqueta a escala y  escribir un libro que aún prepara, incluso fue su tema para obtener el  doctorado en Arquitectura y Patrimonio Cultural y Ambiental en la Universidad de Sevilla, España. Durante esta investigación conversó con varios vecinos. Nicanor Parra, uno de ellos, le confesó que había llegado a Las Cruces por cuatro casas a la venta y que al ver el castillo por vez primera se había dado cuenta que era su lugar en el mundo. También le comentó que el cuidador  le había dicho que si el castillo no era de él, no sería de nadie.

Pilar González Guerrero (ing. ambiental) descendiente de  la familia Marín, fundadora del balneario, por su parte recordó que cuando niños creían que estaba “Encantado”. Ello porque cada vez que pasaban frente a su puerta escuchaban a toda hora el canto de un pequén, mañanas, tardes y noches salía desde sus imponentes ventanas. Ella no padece “Pajarititis”, pero sí de amor por Las Cruces, no podría residir en ningún otro lugar.

Alrededor de 250 personas asistieron a este  homenaje  dedicado al antipoeta autor del poema “Hombre Imaginario” que fue enterrado en una de las terrazas de su Castillo Negro Imaginario.  Muchos vecinos aún ven este castillo y no hace mucho surgió una nueva leyenda en Las Cruces.  Algunos comentan que el poeta está enterrado como los pistoleros del lejano oeste de Estados Unidos, aunque no faltan quienes dicen que no  está enterrado en el patio de su castillo imaginario sino PLANTADO.

Textos y fotografías: Myriam Carmen Pinto/Dibujo: Andres Richard D.

Las Cruces, enero 2023

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