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Semana 156

Afectos y efectos

Patricia Moscoso Publicado: 11 septiembre, 2012

Anemone Hubert es belga y hasta el año pasado cursaba el tercer año de periodismo en la Haute Ecole de Lovaina, en Hainot.  Pero,  la aparición de una delegación de estudiantes chilenos en Francia,  los mismos que habían encabezado cinco meses de masivas movilizaciones y paros, cambió su vida.

Al escuchar a Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Francisco Figueroa  en La Sorbonne entendió que lo que estaba ocurriendo en Chile podría pasar en Europa, especialmente a partir de la plena aplicación del Plan Bolonia- que unifica un sistem,a educacional en Europa-  y decidió postular a un cargo en la Federación de Estudiantes Belga Franceses (FEF). Fue elegida para trabajar en relaciones internacionales y desde esa representación se vinculó a las federaciones de estudianteschilenas , participó en reuniones de la Confech (Confederación de Estudiantes de Chile) y habló con distintos estamentos vinculados a la educación.

El padre de Hubert  es chileno, de Temuco,  y aunque los rasgos de Anemone evidencian sus ancestros,  su único contacto con nuestro país hasta 2011 era una visita que hizo cuando tenía cinco años. En octubre de ese año se enteró a través de Internet de la conferencia que darían los chilenos en París y no dudó en viajar a la capital francesa:

“Yo vivía en un entorno privilegiado,  donde la realidad estaba oscurecida por prejuicios sociales. Sin embargo, poco a poco me estaba preguntando por mi lugar en esta clase social. La información de que líderes universitarios chilenos viajaban en Europa fue un shock, que me llevó a tomar el primer Thalys  (tren ultrarrápido que conecta Francia, Holanda, Bélgica y Alemania) en dirección a la capital de Francia  y faltar un día de clases”, cuenta en una carta que escribió para G80

Escuchar los dirigentes estudiantiles chilenos  la vinculó con una realidad distinta, pero a la vez similar en ciertos puntos  a la que percibía en su país : “Bélgica comparte con Chile la complejidad de un pueblo dividido. El primero a partir de la existencia  de dos comunidades lingüísticas (la francófona y la flamenca) y Chile, por  los días oscuros de la dictadura de Pinochet. Sin embargo, en cada uno, los estudiantes luchan para decir no a la división de las personas y sí a la unificación de los deseos de la juventud para la sociedad del mañana” señala en sus notas.

El Proyecto Bolonia

La FEF, a la cual pertenece Anemone, está integrada a la Unión de Estudiantes Europeos (ESU) , organización que ha alertado sobre la utilización del Plan Bolonia  en el Viejo Continente.  Aunque en su concepción a fines de los 90 el Plan- que lleva el nombre de la ciudad italiana donde se firmó el acuerdo de unificación del espacio europeo de educación superior- pretendió ser una herramienta de unión cuyo objetivo era “facilitar el intercambio de estudiantes y titulados en los países de la Unión Europea y adaptar el contenido de los estudios a las demandas sociales”  pronto surgieron los detractores.

Lo que se dice sobre el Plan  Bolonia es  que  resta autonomía a las universidades y vincula la actividad universitaria a las reglas del libre mercado, permitiendo  un mayor dominio a las grandes empresas  y una mercantilización de la enseñanza. En su marco, se señala, la universidad  ya no es una institución destinada a desarrollar y transmitir conocimiento o incluso conocimiento con aplicación social, sino de formar trabajadores. De allí que en muchas ciudades de Europa hayan   manifestaciones por la defensa de la educación  similares a las que se han visto en Chile.  Anemone se suma a las críticas”El Parlamento Europeo ha usado la crisis económica para aprobar un plan de educación apegado a las normas del modelo neoliberal  y en la FEF queremos una educación pública gratuita para las familias con problemas económicos como es actualmente”. Ella misma estudia con una beca, debido al fallecimiento de su padre, y su familia incurre solamente en los gastos de mantención y transporte.

Orgullo generacional

El encuentro de Anemone Hubert con sus coetáneos chilenos ha tenido  otro efecto:  gracias a sus conversaciones con estudiantes, sus viajes a diferentes ciudades del país (ha estado en dos vistas largas)  se ha conectado  con sus raíces chilenas y como delegada de la FEF ha estrechado vínculos entre las federaciones estudiantiles con  sus homólogas europeas.

A su regreso a Bélgica,  ingresará a la Escuela de Ciencias Políticas de Lovaina, carrera que es más afín con el rumbo que está tomando por su vinculación a movimientos sociales. Su idea es seguir aportando a la causa de los estudiantes chilenos  de los cuales ya se siente parte: “Como chilena quiero apoyar a esta generación y pienso que mi visión europea puede servir.  A la vez desde acá nos pueden ayudar a alertar  acerca de las consecuencias de la aplicación de un modelo neoliberal en la educación”.

En lo más profundo, hoy se siente orgullosa de sus raíces chilenas y de pertenecer a una generación que lucha por sus derechos y por una sociedad diferente.

 



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