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Semana 176

El hoyo de la vida

Bruno Menarvino Publicado: 15 abril, 2012

sobre la cueva de los sueños olvidados

Mientras las letras blancas de los títulos pasaban lentamente sobre el contorno de una mano grabada en la piedra, pensé en relatar mi experiencia; con urgencia e ilusionado con que quizás flote a través del tiempo en la telaraña de los discursos sociales, imitando aquello que la película cuenta.

Y aunque esto no es una crítica de cine, vale un paneo general. Cueva de los sueños olvidados, rodada por el alemán Werner Herzog en 2010, es una de esas películas que derriban montañas conceptuales, una rara avis que quizás brille por su sintonización con el zeitgeist de nuestra época.

El film versa sobre el desarrollo de una película que pretende documentar el viaje de un equipo de cineastas a una cueva en el sur de Francia: la Cueva Chauvet, un paréntesis histórico. Conservada intacta por un fenómeno natural durante unos 32 mil años, además de su extraordinaria belleza, la gigantesca cueva contiene las pinturas más antiguas hechas por el hombre de las que se tenga registro. Obras de arte. Lenguaje detenido en el tiempo. Índices evolutivos. Interrogantes. Y una película.

 

Story-telling

Con el film mantuve un encuentro en las emociones, y una en particular: el redescubrimiento de la magia de comunicarnos, nombrarnos, contarnos el mundo. Una emoción que retorna como un grito primitivo, motivada por el misterio del arte de narrar historias. Y que deja sembrada una idea disruptiva: desde tiempos inmemoriales los seres humanos enviamos mensajes con nuestro lenguaje, a la vez que creamos la realidad que en esos mensajes distinguimos.

Herzog parece sugerir que la realidad no existe como copia, en la medida que cada vez que la nombramos la reescribimos, en un contínuo imperceptible, inevitable e irremediable. Las resonancias que derivan de esta idea permiten re-enfocar la comprensión de la comunicación como fenómeno no estático y lineal, sino complejo y fluido, en la línea de autoras como Massoni; complejo porque en el operan diferentes dimensiones, siendo la informativa una de ellas; y fluido puesto que su materia es el cambio, habilitando un espacio de transformaciones centrado en la idea del encuentro sociocultural.

El que observa

Humberto Maturana refesca la pregunta sobre conocer en un pasaje vertiginoso desde el qué-se-observa, a el-que-observa: el observador. Escribe: “Un observador no tiene base operacional para hacer cualquier declaración o afirmación acerca de objetos, entidades o relaciones, como si ellas existieran independientemente de lo que él o ella hace”.
La película de Herzog asume esa premisa de afectación mutua entre lo que observa quien observa, presente por ejemplo en la tarea del equipo multi-disciplinario de investigadores quienes re-crean la historia de seres humanos pasando por aquella cueva, miles de años antes del iphone:

Nos encaminamos hacia un nuevo entendimiento de la cueva a través de la precisión, de la medición científica. Pero creo que esa no es la meta. La meta es crear historias sobre lo que debió ocurrir en la cueva en el pasado (…). Jamás reconstruiremos el pasado. Sólo podemos crear una representación con lo que existe ahora”, explica un cientista –mezcla de alquimista y antropólogo, en su despacho.

De esta manera el discurso científico y el del cine se conectan en tanto dominios de explicaciones que son, por definición, creaciones. La tradición moderna de atribuir determinados elementos gatilladores de realidad al primero por sobre el segundo es, valga la redundancia, fruto de un encuentro en nuestras coordinaciones históricamente recurrentes. Pero están lejos de develar verdades.


El no-documental

El cine documental de Herzog incorpora, por lo general, la reflexión sobre el que documenta, asumiendo su imposibilidad: cuando documenta, crea. Es un pensamiento, una forma de cine, circular, pero a la vez fértil. Y estimulante, ya que recupera nuestra capacidad de transformar-transformarnos a partir del don de la comunicación. Por ello, develar cómo vivían los hombres de la Cueva de Chauvet resulta tan importante como sus dibujos. En este punto, yo me he llevado una sorpresa.

¿Cómo imaginan aquellos dibujos?. ¿Los caballos eran caballos?. ¿Las imágenes estaban quietas o tenían movimiento?. ¿Pintaban en colores?.

Evitemos el spoiler. Después de todo, como escribe @JuanRodes: “No necesitas críticos para que te lo clasifiquen. Si lo viste, lo escuchaste o lo leíste y te agradó, es bello”

En Twitter: @brumenar



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