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Un joven, una micro y una derrota

Sergio Arévalo Publicado: 22 febrero, 2017

Ese año yo estaba a punto de cumplir los doce. Como era costumbre en esos días, yo iba y volvía del colegio en micro. El colegio, que quedaba en el sector conocido como “El Llano Subercaseaux”,  en el paradero 7 de la Gran Avenida,  funcionaba en una antigua casa roja de dos pisos, en cuyo patio trasero habían construido varias piezas de madera que servían como salas de clase. En este colegio aprendí a fumar, me dieron mi primer beso, tuve la única pelea a combos en el patio y me llamaron al apoderado en varias ocasiones; la más grave por robar lápices “scripto” en la sala de párvulos.

Fue un día del año 73 o 74, poco tiempo después del Golpe de Estado. Esa tarde yo regresaba a mi casa, en una de las destartaladas micros de aquella época. La máquina era de color azul y techo blanco, con su interior lleno de calcomanías; de esas que para solicitar una detención al chofer, disponían de un timbre de campanilla, que se accionaba tirando de un largo cordel que llegaba hasta la puerta trasera.

Aquel día la micro iba parcialmente llena; por lo que rápidamente pude acomodarme de pie cerca de la puerta de salida. Al poco andar subió por atrás un Carabinero joven, que se quedó parado cerca de la pisadera.

A los pocos minutos desde el pasillo, pasó por detrás mío un joven de unos 14 o 15 años. Vestía un pantalón largo, de color oscuro y de tela común y una camisa clara; ambas prendas  bastante usadas. El chico era delgado, de piel morena y de pelo negro largo; lo que le daba el típico aspecto de un joven popular, como la mayoría de los que vivían en ese sector de Santiago.

El joven tocó el timbre para bajarse. Al detenerse la micro y abrirse la puerta, pasó frente al Carabinero, lo miró de frente y le escupió la cara. Acto seguido bajó raudamente y salió corriendo entre la gente que esperaba micro, por el costado del parque El Llano, en dirección al centro. En ese mismo instante y como un acto reflejo, el Carabinero salió corriendo detrás de él.

No se sé si debido a la conmoción que se creó o porque simplemente aún estaba subiendo gente a la micro, ésta estuvo detenida el tiempo suficiente para que todos pudiéramos ver lo que a continuación ocurría.

Si bien es cierto este hecho causó conmoción entre los pasajeros, casi nadie se atrevió a decir palabra. Sólo recuerdo haber escuchado a una señora  que conjeturaba que al joven lo seguían porque al parecer estaba robando en la micro.

A los pocos minutos pudimos ver, a través de las ventanas, al Carabinero que regresaba con el joven esposado y golpeado. Aún recuerdo haberme fijado en la mano que abría y cerraba el Carabinero; como mostrando que le dolía el puño. El chico iba cabizbajo, con sangre en el rostro, con el pelo revuelto y la camisa afuera del pantalón manchado con tierra. Al pasar entre la gente que esperaba micro, todos miraron pero nadie dijo nada.

A pesar de mi edad, yo sabía muy bien el riesgo que había corrido ese joven al hacer lo que hizo. También sabía que a escasas cuadras estaba la Comisaría del Paradero 8 de la Gran Avenida; donde seguramente lo llevarían. Me podía imaginar el trato que le esperaba en ese lugar; dónde estaría solo contra el mundo.

Lo que ví esa tarde, siguió mucho tiempo en mi mente. Me daba profunda tristeza pensar en el sufrimiento de ese joven. Incluso en las noches, cuando rememoraba lo ocurrido, fantaseaba con la idea que  yo, en vez de estar adentro de la micro, me encontraba abajo en el paradero, y estando entre la gente, sin que me vieran cruzaba mi pierna al paso del Carabinero, haciéndolo caer y permitiendo que ese joven escapara y llegara sano y salvo a su casa.

Esa era mi fantasía, porque en esos días, al igual que ese chico, nosotros, los que estábamos en contra del Golpe, no importando cuánto ni cuán rápido corriéramos; éramos siempre los perdedores.

 

 

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1 Comentario

  1. Andrés ha comentado

    Excelente texto y mejor historia. Muchas gracias por tener MEMORIA y darle un aire distinto a este Chile con amnesia y falto de identidad. Los relatos y vivencias anónimas de miles y miles, que quedaron en el olvido, por que a nadie le interesó, porq había simplemente que seguir adelante, o porq es mejor no pensar, copiar a otros, que dedicarse a uno mismo, su historia y saber de donde venimos. Un salu2 desde Alemania de un chileno conciente y con MEMORIA!

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